Despertar y sentir el aroma de su pareja rodeándolo era lo mejor que podría pasarle a Devak. No importaba lo duro que había sido el día anterior y la difícil noche que había tenido al recordar momentos tan angustiantes, todo mejoraba si tenía a su omega entre sus brazos. Hundiendo más su cabeza en la curvatura del cuello de Mattias, el alfa inspiro profundamente su delicioso aroma de mandarinas, lavanda y un extracto de eucalipto que anunciaba que era suyo, su pareja, su todo. —Eso da cosquillas... —pronunció una adormilada voz suave, luego unos brazos le rodearon y una mano acarició su cabello. Sonriendo en su escondite, Devak volvió a olfatear el cuello de su pareja y luego depositó un dulce beso tierno, antes de hacer uno ruidoso empujando aire en la piel. —Devak —chilló Mattias, s

