Capítulo 7: La fragilidad del cristal

601 Words
El despertar no fue un alivio; fue una transición lenta hacia un tipo de dolor diferente. Lo primero que registré no fue el frío de la noche, sino una superficie mullida y el aroma a cuero y libros antiguos. Mis ojos se abrieron con dificultad, encontrándose con un techo artesonado de madera oscura. No estaba en mi departamento. No estaba en el salón de baile. —Has tardado nueve minutos en recuperar la conciencia —una voz monótona y profunda llegó desde algún lugar a mi derecha. Giré la cabeza con cuidado, sintiendo un martilleo constante en las sienes. Dimitri estaba sentado en un sillón individual, con las piernas cruzadas y un informe en las manos, como si estar en una habitación privada con una mujer desmayada fuera simplemente otra tarea administrativa en su agenda. No se había quitado la chaqueta de gala, pero se había desabrochado el primer botón de la camisa. Intenté incorporarme en el sofá, pero un pinchazo agudo en mi vientre me hizo soltar un quejido y volver a caer. —No te muevas —ordenó él, sin levantar la vista del papel—. El médico de la familia dice que tu sistema está bajo un estrés severo. Tu falta de... flujo místico está causando que tu cuerpo intente procesar la energía del ambiente de forma manual. Es una ineficiencia biológica notable. "Ineficiencia biográfica". Me mordí el labio inferior para no llorar. Para él, mi dolor era un dato estadístico, un error en el sistema. —¿Dónde están mis hermanos? —pregunté con la voz ronca. —Viktor está afuera, tratando de evitar que tu madre entre aquí y convierta esto en un escándalo diplomático. Andrei fue a buscar tus... medicinas caseras a tu departamento. No permití que te llevaran a un hospital público; los Volkov tienen una reputación que mantener, y yo no permito incidentes en mis celebraciones. Dimitri dejó el informe a un lado y finalmente me miró. Sus ojos grises eran dos témpanos. No había preocupación en ellos, solo una severidad que me hacía sentir como una empleada que había roto un jarrón caro. —Me has puesto en una situación incómoda, Vasilisa —continuó, levantándose y caminando hacia la pequeña mesa donde reposaba una jarra de agua—. El desmayo de una Volkov en la mansión Belikov alimenta rumores que no me interesan. La gente ya está diciendo que mi aura fue demasiado "agresiva" para ti. —Lo siento —susurré, sintiendo la humillación quemarme la garganta—. No fue mi intención causarle problemas, señor Belikov. Él me entregó un vaso con agua. Sus dedos evitaron tocar los míos con una precisión quirúrgica. —Tus disculpas no cambian el hecho de que no estás capacitada para este tipo de eventos. Mañana, cuando regreses a la oficina... —se detuvo, analizándome—. Si es que eres capaz de levantarte, espero que mantengas la discreción absoluta. No quiero que este incidente se convierta en una anécdota de pasillo. —Mañana iré a trabajar —dije con firmeza, aunque por dentro me sentía morir—. No soy una inválida. Dimitri arqueó una ceja, su mirada bajó por un segundo a mi abdomen, donde mis manos seguían presionando el dolor. —Eres testaruda. Una cualidad que en alguien con poder es virtud, pero en alguien como tú, es simplemente peligroso. Descansa. Un coche te llevará a tu casa en cuanto Andrei regrese. Salió de la habitación sin decir una palabra más, dejándome con el sabor amargo del agua y la certeza de que para él, yo solo era una molestia logística.
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