Al asecho.

1756 Words

Arnau no se quedó de brazos cruzados, podía estar encerrado, pero tenía afuera gente a quién él manipulaba y que le servían como perros fieles. Una de esas personas fue a visitarlo, le llevó una manta, ropa, útiles de aseo personal, y escuchó a la perfección las indicaciones que aquel desquiciado hombre le dio. Sabía que la boda no se había realizado, pero conocía bien a Arismendi, y estaba seguro de que no se iba a quedar de brazos cruzados. Los celos le carcomían las entrañas, era como si le quemaran por dentro, apretaba los barrotes de la prisión con fuerza. —Ahora el mundo entero, conocerá tus pecados, mi querida Giovanna. **** Joaquín andaba vuelto loco en la oficina de la constructora en Barcelona. Rodrigo había descuidado el trabajo, y no lo podía culpar, ante todo estaba la f

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