Tommy leía varios informes sobre el caso en el cual trabajaba, intentaba concentrarse, pero sentía una opresión en el pecho, una sensación de ahogo, como un mal presentimiento, y claro, como no sentirse así, cuando Aldo aparentemente se había quedado tan tranquilo, pero él sabía que ese hombre algo planeaba, y no podía bajar la guardia. —¿Tu jefa explotadora te dejó mucho trabajo? —preguntó Mabel, entró a la oficina de él, esbozando una amplia sonrisa. Tommy sacudió la cabeza. —Pues sí, mi jefa no tiene piedad, es una bruja —bromeó. Mabel ladeó los labios. —Pobrecito, vine a liberarte de las garras de esa mala mujer. —Se acercó a él, y colocó sus dedos en el cuello de Tommy, empezó a darle un masaje. Thomas cerró sus ojos, la tensión disminuyó. Las manos de María Isabel hacían

