Minutos más tarde, Giovanna, acompañada de su familia, llegó al convento donde funcionaba el Vicariato Apostólico de Requena, lugar donde la esperaba el obispo. Giovanna entrelazaba sus manos y hacía varias oraciones en su mente, temiendo la reprimenda del religioso. Se sentía nerviosa y angustiada, como si el peso del mundo descansara sobre sus hombros. El guardia informó que solo una persona podía acompañarla al interior del convento, así que Roxana decidió acompañar a su hija. —Le avisaré al obispo que está aquí, hermana Caridad —informó una religiosa—. Tomen asiento. Giovanna, junto a su madre, se sentaron en unas frías bancas metálicas frente al jardín repleto de rosas. Cada pétalo parecía reflejar su agitación interna. Un hormigueo recorría el cuerpo de Giovanna, sus piernas tem

