Greta sintió un escalofrío, Rodrigo se veía fuera de sí. —Está bien, te lo diré —declaró, sabiendo que de esa forma se iba a vengar de Irene. —Perfecto —contestó, pero él no confiaba en nadie, ordenó a Greta hacerse al asiento del copiloto, con la mirada ordenó a su escolta seguirlo, no podía arriesgarse a que ambas mujeres le tendieran una trampa. **** Mientras Rodrigo solucionaba los problemas que generó el echar de la empresa a Irene, Lulú y Giovanna recorrían el centro comercial. Madre e hija, bien resguardadas, se sumergían en la multitud, sus risas y charlas flotan en el aire, mezclados con el murmullo de las conversaciones y el suave sonido de la música ambiental. Las brillantes luces de las tiendas iluminan el camino mientras madre e hija se aventuran entre los escaparates

