-No Aylsa. - me aleje mirándola confundido- nosotros somos amigos, no te confundas.
Parecía avergonzada, se apartó acostándose en su lado de la cama. Era mejor que fuera al sofá, no podía perder a mi mejor amiga ahora también.
- ¿Amigos? Ja. Claro, sólo acudes a mi cuando ella no te quiere cerca, cuando ella necesita ayuda, Carther, Carther. Carther. olvidas a la única que estuvo ahí cuando nadie te quería cerca -
-Aylsa! ¿Qué pasa contigo? No entiendo que te pasa- me acerqué a ella mirándola confundido- oye, que tienes, dime qué pasa
Llevo sus manos a la cara- lo siento. Stephen, tuve un día malo es todo, perdona -me miró arrepentida- nos donde tengo la cabeza.
La rodee con mis brazos - está bien...no te preocupes muñeca- escondió su rostro en mí pecho.
-A veces lo extraño... sé que es una estupidez, que no está bien, pero no puedo evitarlo - suspiré apoyando mi mentón en su cabeza.
¿A veces lo extrañaba? ¿Cómo podía? Era mi hermano, pero no merecía el amor de esta chica en lo más mínimo.
-Aylsa, hemos hablado de esto muchas veces. -
-Lo sé. Es sólo que me siento sola, tú ya tienes tu vida, yo aún sigo aquí, estancada en el pasado.
-De ti depende Aylsa, déjalo ir, Stefano es parte de un recuerdo...No estas dejando que cosas buenas te pasen por quedarte en sólo una parte mala de tu vida -
- ¿tú me hablas a mí de quedarse en el pasado? - se apartó pasando las manos por sus ojos.
-Tu pasado está enterrado bajo tierra, el mío no va a dejarme en paz...y volverá hasta que consiga lo que quiere -
- ¿Vas a decirle la verdad no es cierto? -
-Lo tengo que intentar...es mejor que duermas, mañana será un largo día - se apartó recostándose a mi lado -
-No quiero que pienses que entre nosotros. - la mire frunciendo el ceño.
-No he pensado nada, yo sé que tú tienes claro las cosas, Carther es todo para mí, no hay nadie más - Aylsa asintió metiéndose a la cama cubriéndose con las mantas.
Tarde mucho en quedarme dormido, no sabía cómo enfrentar la cena, no quería que Alejo y Zoe me vieran molesto, e intentando controlar mi genio delante de ellos, pero sé que mi padre intentara joderme hasta que saque lo peor de mí.
No eran las siete de la mañana cuando me levanté para ducharme y vestirme. Le prometí a Carther estar ahí en la mañana y ahí estaré. Le dejé una nota a Aylsa que aún dormía y me fui.
Todo el camino a casa las palabras de Carther hicieron eco en mi cabeza. Debía encontrar un trabajo, no quería que se sintiera avergonzada de mí, si tan solo supiera que ganó el doble de su sueldo en una noche quizás no se molestaría, claro que cuando supiera como lo ganó entonces si se cabrearía.
Comenzaría a trabajar con su memoria, si lo iba a recordar sería de apoco e intentaría evitarle los recuerdos dolorosos. Pasé por sus dulces favoritos, la verdad, nunca supe cómo disculparme con ella, y los dulces siempre parecían calmarla, pero su paz duraba hasta que se acababa la última miga, luego recordaba porque estaba molesta y empezábamos otra vez.
Baje del auto y camine hasta la entrada de la casa que el padre de Carther le regaló luego de que tuviéramos a los bebés, no me gustaba sentir que él podía darle todo, se supone que ese era mi papel, ella era mi chica y ellos eran mis hijos.
Antes de siquiera colocar las llaves en el cerrojo Carther ya había abierto la puerta, no tuve momento de siquiera hablarle y sus piernas ya estaba enrolladas alrededor de mis caderas.
-Lo siento. Lo siento - se aferró a mi como si la vida se fuera en ello.
-Yo lo siento más amor, yo enserio - sus labios chocaron contra los míos no dejándome tiempo para disculparme.
-Sé que lo sientes... prométeme que no te iras otra vez, que conversaras conmigo, no puedo adivinar lo que te pasa Stephen.
-Lo intentaré...Lo prometo - besé sus labios cargando la hasta la casa y cerré la puerta con el pie.
- ¿Dónde está Alejo y Zoe? - la casa estaba demasiado silenciosa.
-Está durmiendo aún - movió sus cejas insinuándome lo que ya sabía no pasaría hasta que arregláramos las cosas.
-No Carther, no te aprovecharas de mí, no hasta que arreglemos las cosas - deje que sus pies tocaran el suelo, tome la bolsa con los dulces y los deje sobre la mesa.
- Puedo pedirle a tu padre que no venga. - me apoye en la encimera mirándola, mientras comenzaba a rascar su cuello.
-Vamos a dejar las cosas claras Carther, él no es un padre para mí, padre es el que cría y el no hizo absolutamente nada por mí. No quiero que se acerque a mi hija, porque no quiero que los lastime, los ilusionara y luego se aburrirá, no voy a dejar que nadie los dañe
-Entiendo que no quieras tener una relación con el Stephen. Por eso, si no quieres verlo aquí, puedo pedirle que se vaya en cuanto llegue- me acerqué a ella tomando su cintura-
-Yo hablaré con él, tu eres muy buena Carther, no sabes diferenciar a la gente que quiere dañarte de la que quiere amarte - frunció el ceño -
-Eso no es cierto- arquee una ceja ¿enserio? Ella era la reina de la bondad y la solidaridad- Bueno. Yo solo no quiero juzgar a nadie.
-No lo conoces, y sé que vino hasta acá para precisamente encontrarse contigo, eres muy buena cariño - bese sus labios levantando del suelo para sentarla en la encimera.
-Eh.que no hemos terminado aún - me separé para verla, se cruzó de brazos mirándome desafiante- donde pasaste la noche, sé que no estuviste con Ian así que ni siquiera lo intentes.
-Estuve con Aylsa - no le iba a mentir, no tenía por qué hacerlo.
- ¿Con Aylsa? Vaya. Apuesto que le contaste toda nuestra historia ¿verdad? -
-Es mi mejor amiga. ¿por qué no lo haría? Tú tienes a Carlos, ¿hacen lo mismo no? - no iba a comenzar con lo de Aylsa ahora.
-Stephen, ella no me agrada y lo sabes - no.… ahora no por favor.
-A mí tampoco me agrada Carlos y lo sabes - suspiro, uno tenía que ceder para que el otro pudiera aflojar.
-No le agradó a ella tampoco. Quizás que cosas mete en tu cabeza-
-bueno... ¿Estoy aquí no? - una sonrisa apareció en su rostro y rodeo mis caderas con sus piernas apegándome a ella-
-Tenemos una hora antes de que Alejo despierte- sus manos quitaron mi chaqueta rápidamente, la tome de los muslos y la cargue hasta la habitación de invitados. Juro que si nos interrumpía una sola persona está vez si no respondería de mí.
El deje con cuidado sobre la cama y cerré la puerta con seguro. Era perfecta, de pies a cabeza, si pudiera cambiarle algo no haría nada, bueno...tal vez su genio por las mañanas, acaricie su cintura sin dejar de besarla- demonios. te amo tanto cielo- sus labios mordieron los míos, pero de un momento a otro se apartó mirándome confundida.
- ¿cómo me has llamado? -