— No es necesario que comentes sobre esto a mis padres, asumiré la responsabilidad por mi propia cuenta.
Las palabras de Calíope viajaron en el vacío del auto dando vueltas sin recibir nada como respuesta, Alex, su perro guardián y la mascota leal de sus padres miró a la adolescente sentada en los asientos traseros del auto a través del espejo retrovisor, malencarado, regresó la mirada al camino y no dijo nada.
Calíope lo sabía, no era necesario un absurdo intercambio de palabras, estaba segura de que sus padres ya se habían enterado.
«Ni siquiera tenía que haberlo dicho» Pensó, encogiéndose en su asiento.
Llegar a casa sabiendo lo que le esperaría al cruzar el umbral era una sensación asfixiante, como si el oxígeno se fuera de sus pulmones y un peso imaginario encima de los hombros hiciera más lento su andar decidió avanzar por voluntad propia, tragando su desesperación y ansiedad en seco.
— ¿Dónde estabas? — César, a modo de reproche, le dio la bienvenida con una pregunta. — Tu profesor de c***o llamó para notificarme que no llegaste a clases, además… Alex me ha dicho algo muy interesante, así que ni siquiera pienses en que vas a huir de esto con tus mentiras.
Calíope detiene su caminata.
— No estaba haciendo nada malo… — Murmuró. — Me quedé dormida durante la clase y-
— ¿Quién es el chico con el que te estabas revolcando como una vil mujerzuela?
En realidad, aquella invasiva y ofensiva pregunta la dejó helada en su sitio.
— No es así, padre… Ariel solamente es-
— Así que su nombre es Ariel. — Volvió a interrumpirla — ¿Debería preocuparme por ese chico al que nombras tan familiarmente? ¿Así es como vas a pagar todo lo que he hecho por ti, Calíope? ¿Yendo a los brazos del primer chico que se te atraviese por el medio?
— Obligarme a cumplir sus sueños frustrados no es hacer algo por mí, ustedes nunca han hecho nada por mí.
El bofetón que se estampó en su mejilla luego de atreverse a pronunciar aquellas palabras le volteó el rostro, Calíope se quedó quieta, perpleja.
— Es una pena que sea Cecilia quien haya tenido que morir y dejarme con una buena para nada. — César se limpió la mano con un pañuelo, aliviaría el ardor que se produjo entre sus dedos. — Estoy muy decepcionado, Calíope. No muestres tu cara frente a mí a menos que yo lo pida.
Ella simplemente accedió y regresó a encerrarse a su habitación.
En cuanto Anna se enteró de lo ocurrido subió y puso hielo en la enrojecida mejilla de Calíope, había recogido su cabellera en un moño alto de manera que no interrumpiera con su vista al golpe.
— Esta vez el señor realmente se ha pasado de la raya… ¿Qué puede tener de malo que quieras tener novio?
— No somos novios, es solamente un chico al que mi profesor pidió que le dé tutoría, eso es todo. — Respondió Calíope, decidiendo sujetar por sí misma la compresa fría improvisada con hielos. — ¿Cómo podría gastar mi tiempo en algo como tener novio cuando no tengo espacio en mi agenda ni siquiera para respirar? Estaba tan cansada que me quedé dormida, no pude terminar la tutoría tampoco y Ariel siendo ignorante que tengo otros compromisos no quiso despertarme, eso es todo lo que pasó.
Anna dirigió la mirada hacia el ceño fruncido de su pequeña niña con compasión, no sabía quién era aquel chico, pero estaría agradecida de haberle cedido la oportunidad de que alguien como Calíope pudiera descansar.
— Trata de no enojarte demasiado, perder a la señorita Cecilia fue un golpe muy duro para todos. Ahora eres la única hija que les queda y solo quieren lo mejor para ti, por favor no los odies.
Calíope se quedó en silencio, jamás se le había cruzado por la cabeza algo como el odio y el resentimiento pese a que constantemente sentía que se cometían injusticias hacia su persona.
Pero los recuerdos que tenía de su infancia siendo lo único que le quedaba de cuando eran una verdadera familia feliz era la única razón por la cual no se había desatado en contra de sus padres.
— Intento ser más razonable… Tal vez tienen razón, me excedí de los límites y no respeté su autoridad, ahora lo comprendo. — Confesó — Pero ya han pasado once años, Anna… Once años desde que murió mi hermana. ¿Qué tanto más tengo que esperar a que se les pase el luto? Todos aquí extrañan a Cecilia, la querían porque ella era bonita, talentosa y con un brillante futuro por delante, incluso yo habría preferido morir en su lugar, nadie me hubiese extrañado.
— ¿Pero qué tonterías estás hablando ahora? Eres casi como mi hija, yo y muchas personas más te extrañaríamos, Calíope, tú eres perfecta a tu manera y siempre te esfuerzas más que nadie… Yo solo quiero que te tomes un tiempo donde puedas descansar.
— No tengo tiempo para descansar, Anna.
Calíope, de manera cortante y sin querer continuar con la conversación se quedó mirando por la ventana, Anna miró la sutil expresión de tristeza en aquellos ojos que ante muchos eran fríos e inexpresivos, pero ella los había aprendido a leer tras tantos años cuidándola. La mirada triste de Calíope que se desviaba hacia el suelo sin que se diera cuenta y que, a pesar de estar cargando tanto dolor, era incapaz de derramar siquiera una sola lágrima.
* * *
La melodía del piano siendo tocado llenaba el silencio que había entre los dos, Calíope tenía la mirada fija en las manos de Ariel, quien estaba haciendo su mejor esfuerzo por contenerse en lugar de simplemente explotar y hacer lo que se le diera la gana -Como suele acostumbrar-
Pero había algo dentro de su música que realmente la estaba incomodando.
— Basta, ya basta. Deja de tocar. — Detuvo lo que sea que estaba haciendo, Ariel la miró confundido. — ¿Siquiera has ensayado lo que practicamos la vez pasada? ¿Por qué no estás siguiendo la partitura?
— Te dije que no sé leer las partituras. — Ariel se rascó la nuca.
Y eso que la incomodaba era que, a pesar del intelecto y la destreza de Ariel no se tomaba las cosas en serio.
Calíope, realmente enojada, hacía su mejor intento para no terminar estrellándole la cabeza contra el piano una y otra vez, así que solamente se imaginó haciéndolo.
— La vez pasada practicamos las notas y la numeración de los dedos, cosas que incluso un novato podría aprender en menos de una semana. Tú eres capaz de reproducir una canción completa con solo verla una vez ¿Cómo es que no has aprendido esto aún?
— No puedes culparme, mi cerebro simplemente no memoriza lo que no le interesa, no puedo forzarlo. Además, sí estudié, incluso me aprendí el nombre de las notas musicales.
— ¿Es en serio? Entonces dime cuáles son.
— Por supuesto que sí. — Empezó tocando los acordes mayores. — Garra de gato, pata de pollo, calambre de-
— ¿Qué estás haciendo? — Calíope se vio en la necesidad de interrumpirlo por segunda vez.
— Oh, bueno. Es que de pequeño no tenía a nadie que me enseñara a tocar el piano así que yo mismo le puse nombre a los acordes. — Respondió tranquilamente. — ¿Puedo continuar? La que seguía era la araña de tres patas.
Calíope no se lo permitió. — Tienes que llamarlas por su nombre, necesitas tener disciplina, no puedes simplemente inventarles nombres solo porque es la forma en que te ha funcionad, existen reglas, Ariel, reglas que no deben ser-
— ¡Aburrido! Abu-abu-bubu-bu-rrido-oo — Empezó a tocar y cantar a la par del piano — Manos de jazz, pata de gato, tela de araña y luego la elegancia del flamenco.~
Y no dejaba de decir nombres extraños a las notas musicales mientras tocaba aquella melodía pegajosa y bastante rítmica, Calíope se dejó caer sobre el asiento, Ariel era la persona más insufrible y necia que jamás haya conocido.
— Seguiremos trabajando en tu particular manera de aprenderte las cosas la próxima vez. — Recogió sus cosas en cuanto la campana que daba fin a sus clases sonó, en seguida Ariel dejó de tocar y despidió a Calíope con un ademán, entonces luego se marchó él.
* * *
— La inflamación ha bajado completamente, pero es probable que todavía sientas algo de molestia si mueves demasiado la muñeca. — El doctor retiró el vendaje de la mano de Calíope, quien había ido por esa misma razón. — Se ve que la lesión que tuviste ha dejado secuelas graves, por favor no te sigas sobre esforzando o podrías correr el riesgo de perder la movilidad que tienes en la mano, toma las cosas con más calma.
Tomar las cosas con calma no era el tipo de emblema que la caracterizaba.
No tuvo de otra que asentir, ya no había nada que pudiera hacer para sanar su orgullo herido y pisoteado, incluso sacrificando su mano no pudo vencer a Ariel así que las cosas estarían tranquilas de ahora en adelante, al menos mientras terminaban las tutorías y averiguaba qué era ese algo que tanto parecía estarle haciendo falta.
Salió del hospital con algunos medicamentos dentro de una bolsita de papel, solamente bastaba enviar un mensaje para que en cuestión de segundos alguien fuera a recogerla, era su deber hacerlo, pero realmente no era lo que quería, encerrarse en el silencioso asiento trasero del auto sería lo último que necesitaba.
Por primera vez en su vida decide ir contra las reglas y caminar de regreso a su casa
No estaba segura si era ocasionado por la influencia Ariel y su sentido de la libertad y poco respeto hacia la autoridad ejercieron bajo ella sin que se percatara, pero en otra ocasión se habría sentido tan aterrorizada de hacer algo tan simple como no llamar para que la llevaran a casa que evitaría regresarse a pie o pensaría en qué tipo de excusa podría dar durante el camino.
Pero no era así, estaba ahí, disfrutando de los árboles y las casas de los alrededores, calles concurridas o poco transitadas, conocía el camino de regreso casi a la perfección de tanto mirar las calles a través de una ventana, pero jamás creyó tener la oportunidad de ir con sus propios pies como todos los demás.
«Si ese imbécil me viera seguramente se reiría» No pudo evitar pensar, Ariel siempre buscaba la más mínima oportunidad para molestarla y sacarla de sus casillas.
Pero su felicidad no duraría tanto como le gustaría -Por lo mínimo el trayecto de regreso a casa- Supo que una tempestad le caería encima apenas las nubes empezaron a tronar y la brisa se hizo más rebelde y empezó a alborotarle el cabello y barrer las hojas caídas de la calle.
— Tiene que ser una broma ¿Por qué hoy que decido caminar a casa? — Gruñó Calíope tras encontrar un refugio bajo una estación de autobuses para protegerse del aguacero que caería segundos después.
Pronto la mayor parte de su campo de visión sería gris y todo se empaparía con la torrencial lluvia, ella se quedó ahí durante un rato -Sin saber exactamente cuánto tiempo- si la lluvia no cesaba llamaría para que la llevasen a casa y recibiría el castigo que seguramente le vendría encima por desobedecer una orden.
— ¡Uf! He llegado a tiempo.
Calíope se giró hacia la persona que pareció imitar su idea de resguardarse en la estación de buses.
— ¿Ariel? — Lo reconoció en seguida. — ¿Qué estás haciendo aquí?
Él se alegró de verla otra vez.
— Hola, Calíope. — Saludó — Iba de regreso a casa pero la lluvia me alcanzó, suerte que no me ha mojado demasiado. ¿Tú qué haces aquí? Siempre andas en auto.
Ella lo miró sacudirse igual que un cachorro se sacude el agua de encima., hizo una mueca cuando gotas de agua le cayeron encima.
— ¿De qué hablas? Estás completamente mojado y la ropa se está adhiriendo a tu cuerpo. — Intentó no mirarlo demasiado, aunque no había mucho que ver considerando que usaba suéter y tenía una complexión delgada. — No pudieron pasar por mí, decidí regresarme a casa por mí misma.
— No le tomes mucha importancia. — Ariel se sentó a su lado — ¿Es así? No sabía que las niñitas ricachonas consentidas no pedían un taxi para regresar.
Calíope lo miró mal. — No tiene que importarte lo que haga o deje de hacer. — Se cruza de brazos y le extiende un pañuelo seco que sacó de su bolso. — Por favor ya sécate, hueles a perro mojado y estás inundando el asiento.
Ariel solo sonría y acepta el pañuelo.
—¿Sabes? Eres muy mandona para tu edad.
— Cállate, idiota.
Contrario a lo que pidió, Ariel siguió hablando.
— ¿Sabías que ofrecer un pañuelo a otra persona significa que lo amas? — Calíope lo miró mal — Tal vez no precisamente así, pero sí demuestra que sientes interés hacia la persona que lo recibe. Anteriormente se usaba junto con ciertas señas particulares, funcionaba como un código secreto. Mira, si solamente lo sujetas de las puntas o lo dejas caer cerca de quien te interesa es para llamar la atención, si lo doblas lentamente o lo pasas por tu oreja izquierda daba la señal de que querías iniciar una conversación y si lo apoyas en tu mejilla derecha significa que no tienes interés, muy de moda siglos atrás.
Calíope miró con incredulidad los gestos que hacía Ariel con el pañuelo en mano, arrepintiéndose de habérselo dado.
— Eres capaz de recordar todo eso pero no los verdaderos nombres de las notas musicales. — Contestó. — La única razón por la que te di el pañuelo es porque tengo el interés de que dejes de mojar el asiento.
Ariel resopló.
— Al menos te interesa.
— Sí, porque estás mojando el asiento. Ahora sécate o te echaré a patadas.
— ¿De verdad eres capaz de echarme con este torrencial de agua? ¿Qué pasará si me enfermo?
— Pasará un milagro, tal vez enfermo llegas a cerrar la boca por más de tres minutos.
Igual que un niño regañado Ariel se quedó en silencio mientras se secaba los excesos de humedad, Calíope simplemente lo miró de reojo y sonrió de lado.
«Es un idiota» Llegó a pensar mientras la lluvia seguía cayendo y ambos seguían esperando que cese.
* * *
Cuando abre la puerta los ve: Su madre y su hermano mayor.
— ¡Ariel! — Su madre corre hacia él y lo envuelve en una toalla, él estaba destilando agua por todas partes. — ¡¿Cómo diablos se te ocurre regresar bajo esta lluvia?! Pudiste llamarme y habría ido por ti.
Ariel miró a su hermano mayor de pie en las escaleras, también lo estaba mirando con cierta preocupación y el ceño fruncido.
Pero lo último que quería hacer era escuchar sus estúpidos regaños.
— Estoy bien, no necesito esto. — Se quitó la toalla de encima.
— No desprecies la preocupación de mamá de esa manera. — Advirtió su hermano en cuanto Ariel estuvo a su lado. — Ella solo quiere lo mejor para ti y lo sabes.
— ¿Acaso importa qué es lo mejor para mí cuando todos sabemos qué pasará?
Ni siquiera se quedó para escuchar la respuesta, simplemente fue a su habitación y se encerró.
Buscó su laptop y reprodujo el primer vídeo que encontró dentro de su repertorio.
‘’Calíope Barnes, presentación musical’’
Entonces miró la imagen de la artista, escuchó la melodía, una sonata hermosa que empezó a reproducir con los dedos de la mano derecha tamborileando sobre la cama.