—¿Qué estás haciendo? —murmuró ella, totalmente aturdida. Nate tragó saliva. Caminar sobre brasas se sentía más fácil que esto. Sudaba a mares en la fría noche. —Lo sé desde hace mucho tiempo, te he amado de la manera incorrecta. Rompí más de lo que arreglé. Te hice llorar cuando debería haberte hecho sonreír más... —dijo, con el frío mordiéndole las rodillas—. Y no te estoy pidiendo que olvides lo que he hecho —instó con seriedad—. Te estoy pidiendo que me dejes pasar el resto de mi vida enmendándolo. Que me dejes ser mejor... para ti, contigo. Sera lo miró, totalmente desconcertada por la inesperada propuesta. —Nate... Nate exhaló temblorosamente, apretando más la pequeña caja de terciopelo antes de cerrarla lentamente. Debería haberlo sabido. —No tienes que terminar esa frase —dij

