—... No, solo pétalos de rosa rojos... Quiero que todo sea perfecto... Cualquier error y te daré un tiro entre los ojos —advirtió a la organizadora del evento con su habitual voz tranquila pero peligrosa. La mayoría de las veces, su tono era suficiente para hacer que la gente se meara en los pantalones y él no era tímido para aprovecharse de ello. Colgó después de escupirle las instrucciones a la organizadora para su noche de cita. Estaba revisando cada pequeño detalle de los preparativos. Iba a hacer que fuera una noche inolvidable para ella. Si lograba darle, aunque sea una fracción de la felicidad que ella le había dado ayer, entonces lo consideraría un éxito. Ares estaba extasiado. Rebosante de alegría. Finalmente ella había accedido a darles una oportunidad. No podía esperar

