La sangre de Elisa hirvió. Ella miró al hombre frente a ella y se preguntaba cómo se atrevía a decir esas palabras. Era cierto que ella se había puesto en esta situación, pero nunca había sido por el dinero. Una mirada a él le había debilitado las rodillas y la había hecho imaginar estar de espaldas para él. O su frente. O de lado. De cualquier forma, que él la quisiera. Le había hecho girar la cabeza desde el principio. A menudo se preguntaba si la forma en que lo había mirado había sido la razón por la que él le había ofrecido este puesto. Habría dicho que sí sin la oferta de un salario mensual, pero ahora el hecho de que lo hubiera hecho siempre estaría en su contra. —Acompañante —dijo con los dientes apretados. —No, Elisa. Puta. Prostituta —dijo Theo con frialdad—. Me dejas follart

