Charlotte miraba la piscina a través de su ventana mientras las gotas de lluvia golpeaban rítmicamente contra el cristal. Ver llover la tranquilizaba. Observó cómo las gotas de agua se perdían una y otra vez en el charco de agua. La vista era extrañamente satisfactoria. El rodaje duró menos de lo esperado. Ya había terminado y ella estaba en su habitación. Mañana todos volarán de regreso a Italia. El equipo estaba de viaje en Amsterdam. Ella se quedó porque ya había visto los lugares que planeaban visitar. —¿No fuiste con ellos? —su voz interrumpió su momento de tranquilidad. Ella se giró ligeramente para saludarlo. —¿Cómo entraste a mi habitación? —preguntó ella. La piel fruncida entre sus cejas sugería su irritación. —Este es mi hotel —respondió Ares con naturalidad y caminó h

