No quiero imaginar cuánto dolor debe sentir este hombre, veo como se queja mientras duerme, solo con ver su pobre cuerpo me aterrorizo.
Me quedé con él por un par de horas, lo suficiente para que el médico descansara, el volvió y ahora fui yo la que fue en busca de una cama.
Hoy no había tenido tiempo con mi hijo, sé que el entendía la situación pues estuvo ocupado en sus tareas, no salió de la habitación, pasé a revisarlo, le di las buenas noches y fui a la mía, mi querida Ruth me tenía preparada la bañera.
Mientras me perdía en el cálido momento que me brindaba el agua pensaba en el gran Duque, desde hace un tiempo para acá solo ha tenido tragedias, lo peor es que la mujer que tiene a su lado es patética.
Un nuevo día llegó, con eso mis deberes en el Ducado, hoy debía ir al pueblo, tenía que comprar fertilizantes y materiales de construcción, una cerca requería mantenimiento, le pedí a mi hijo que me acompañara, por la muerte de Lord Bernardo hoy el instituto no abriría
-Mamá ¿qué pasará con nosotros?-
-¿Por qué lo dices cariño?-
-Bueno ya llegó el heredero, Lady Leila anda diciendo que pronto quedaremos en la calle.-
-Eso no pasará, el gran Duque no permitirá que nos lancen a la calle, además está la casa de mi padre, podemos vivir allí.-
-Me gusta la mansión.-
-No nos adelantemos, esperemos que pasa.-
Llegamos al pueblo, inicia mi camino de compras, después de un año viniendo por fin los aldeanos se acostumbraron a verme dirigiendo, pedía material, sabía muy bien que necesitaba, también negocié algunos sacos de frijol y papá de los campos del Duque.
Intentaban ser astutos pero siempre yo les ganaba, mi fiel escudero estaba listo para molerlos a golpes, al menos eso dice mi pequeño.
Al volver a la mansión el rey estaba presente, lo supe por toda la cantidad de guardias en la puerta, Lady Laila corría pavoneándose como la señora de la casa, yo me dirigí a la zona de los empleados para entregar los pedidos, revisé alguna plantaciones y dejé comida para los animales, cuando volvía me encontré con Ian , al parecer daba vueltas por aquí.
-Príncipe .-
-Mi querida Elizabeth, qué gusto me da verte.-
-Supongo que vienes a ver al hijo del Duque.-
-Así es, pero el médico mencionó que hoy no era un buen día, Rafael ha estado inquieto.-
-Está muy mal herido.-mencioné
-Lo sé, pasaré de nuevo a verlo en estos días, él y yo somos amigos.-
-¿Desea tomar algo?-
-Un té ¿me acompañas?-
-Si espera que me cambie de ropa, vengo de las caballerizas y estoy sucia.-
-Eres una mujer increíble, sé que te encargas de todo aquí, me encantaría tenerte en mi palacio.-
-¿Desea que cuide a tus caballos? ¿Arreglaré los jardines? ¿Una cerca nueva? ¿Qué deseas?- mencioné
-Todo eso suena fabuloso, pero te tendría dentro del palacio, cada día me contarás una historia antes de dormir.-
-Que tierno es el príncipe.-
-Sabes que seguiré rogando por que me aceptes un cita.-
-¿Yo? ¿La viuda Reinols?-
-Para mí eres Elizabeth, la mujer más maravillosa que he visto.- Ian tomó mi mano y la besó, no le importó que estuviera sucia por el abono.-
-Es mejor que no nos vean hablando, tienes una reputación que cuidar.-
-¿La tuya no importa?- preguntó
-La verdad no, soy una viuda, ya no existo para la sociedad.-
-¡Ian!.- escuchamos al rey llamarlo, era mejor que se marchara.-
-Volveré y me tomaré ese té contigo.- mencionó yo solo asentí y se marchó.-
Volví a la casa, Lady Leila se despedía de la reina, yo pasé haciendo un gesto de saludo, no me iba a detener con el vestido completamente sucio.
-¿Ella es la baronesa?-
-Así es, pero como verás es una sirviente aquí, solo mírale la ropa.- mencionó Lady Leila con burla.-
-Eso veo, que vulgar.-
-¿Acaso no eres tú la encargada de la casa?- esta vez fue Ian quien entró en la conversación.-
-Así es Majestad, soy Helena viuda de Reinols, la administradora de este lugar.-
-Quiero felicitarla, el lugar jamás estuvo más hermoso, también sé que ha hecho grandes negocios, eres un prodigio.-
-Solo es una recogida.- mencionó Leila con grandeza.-
-Bueno creo que más recogida eres tú, ¿acaso no eres la niña del orfanato, aquella que hicieron casar con el Duque ¿Lady Leila verdad?-
-Eee… Bueno yo.-
-Madre es mejor que nos vayamos.- mencionó el príncipe.-
-Si.-
Los reyes y el príncipe salieron de la casa, Ian antes de subir a su carruaje me guiñó el ojo, que buen amigo me he conseguido, pensé
Me dirigí a mi habitación, lave mi cuerpo y me vestí con ropa limpia, aún tenía pendientes pero pasaría por la habitación de Rafael.
Al ingresar el Duque estaba presente, Rafael seguía dormido o inconsciente, no lo sé, el médico real también estaba.
-¿Puedo hacer algo por ustedes?-pregunté desde la puerta.-
-Hola hija, pasa.-
-Lo que deseen puedo tráelo.-
-Por ahora estamos bien.-
-¿Como se encuentra el Lord?-
-Aún no lo sabemos, debemos darle tiempo para que reaccione.—
-Ayer él me sujetó de la mano, preguntó donde estaba.-
-¿Mi hijo habló?-
-Así es, lo hizo de una manera casi susurro pero le entendí.-
-Gran Duque es una buena noticia, el Lord tiene conciencia y también voz, las esquirlas no lastimó sus cuerdas vocales.-
-Que gran noticia.- mencionó el Duque para luego abrazarme, me daba alegría verlo feliz.-
Creo que al menos hoy había una sonrisa en su rostro, sé que con el tiempo su hijo mejorará igual que la salud del gran Duque.
-Esposo por fin he encuentro, los reyes te dejan saludos, es bueno ir al palacio y cenar con ellos.- mencionó Lady Leila ingresando, solo veía como se cubría la nariz por el olor a sangre del lugar.-
-Leila no estoy para cenas, por ahora solo me preocupa la salud de mi hijo.-
-Cariño tengo buenas noticias, la reina me ha dicho que las hijas de las grandes familias están interesadas en contraer matrimonio con Rafael.-
-¿Qué dices?-
-Necesita una esposa, la duquesa.-
-¿Tú crees que así como está desee casarse?-
-Pero mi amor él ya tiene 30 años, hace tiempo debía casarse, que su esposa esté aquí cuidándolo los últimos días de su vida.-
-Leila sal de aquí.-
-Cariño…-
-Lárgate, solo abres tu boca para decir tonterías, maldigo el día que me case contigo.-
-¡Yo te di un hijo!-
-Aunque no recuerde el día en que supuestamente te toque, agradezco por darme a Andrés.-
La tensión estaba en el aire, Leila no se en que mundo vive, pero su actitud era peor que la de Alicia, yo solo los escuchaba discutir.
-Doctor nota usted que la piel se está volviendo negra.- mencioné cortando la conversación.-
-Así es, le hago pequeñas cortadas para que libre sangre, temo que se esté pudriendo.-
-Leí en un libro que la terapia con Sanguijuelas es muy efectiva en estos casos.-
-No ha sido usada aún en este reino.-
-Pero en otras partes del mundo si, es una terapia con buenos resultados ¿Y si lo hacemos?-
-¿De qué estás hablando hija?-
-Gran Duque, leí que esos pequeños animales succionan lentamente la sangre mientras inyecta compuestos de hirudina y la calina impidiendo que la sangre se coagule, ayudando que el flujo mejore.-
-¿Cómo vas a saber eso? Solo eres una tonta.-
-¡Lárgate Leila!- gritó el Duque, los guardias abrieron las puertas y la escoltaron a la salida.-
-¿Dónde encontramos las sanguijuelas?- preguntó el médico
-En el lago hay, si vas a la parte más profunda ellas se adhieren al cuerpo, puedo ir por ellas.- mencioné
-Lo harán los guardias tú no querida hija.-
-Entonces que vayan inmediatamente, creo que la idea de la baronesa puede funcionar.-
Los guardias salieron, mientras que el médico me pidió ayuda para desvestir al Lord, lo dejamos con solo un pantalón de lino, limpiamos bien el cuerpo para prepáralo.
Una vez llegaron las sanguijuelas comenzamos a ponerlas, él me decía dónde debía hacerlo, yo lo obedecía por completo.
Los tres nos sentamos a esperar, esos animales estaban haciendo el trabajo, poco a poco la sangre acumulada se iba yendo.
-¿Funcionó?-
-Creo que si, Baronesa es usted una mujer maravillosa.-
-Lo que pueda ayudar doctor, sabe que lo haré.-
Sería una noche larga, vigilaríamos al Lord, por obvias razones el gran Duque no quiso marcharse, él deseaba ver a su hijo recuperado.
“Solo espero que funcione”