La jerarquía

1612 Words
En el reino corría la noticia que el hijo del gran Duque se casaría con una noble de bajo linaje, era muy extraño algo así, para quw me entiendan, debo explicar cómo funciona los matrimonios en este reino. Los reyes solo se casan con Reyes, aquí si no hay excepción, no existe un cuento de hadas donde diga que el amor hacia una plebeya es más fuerte, no, eso jamás pasa. La reina Regina está casada con el Rey Gerald, los dos eran príncipes de sus reinos, actualmente tienen dos hijos, Jean y Florencia, el mayor está próximo a llegar a la edad de matrimonio la cual funciona diferente para los hombres. Nosotras a los 16 ya somos aptas, ellos hasta los 21, según esa es la edad donde son conscientes y maduros, la ley debería ser para todos por igual. Volviendo al príncipe Jean puedo decir que hemos hablado nos más de tres veces, es un hombre que adora las letras, amante de la buena literatura, lo sorprendí en la biblioteca pública vestido de plebeyo, era su única forma para poder pasar horas bajo el polvo y olor añejado de los libros. Si hablamos de Florencia es una chiquilla que presume lo que tiene, sabe que será reina en alguna tierra lejana, un trofeo para un príncipe así que goza de reconocimiento público y eso le encanta. Sigamos con la línea, viene el Duque Reinols sin duquesa, ella falleció hace muchos años, de su matrimonio nacieron dos hijos Bernardo y Rafael, estos dos luchan en la guerra, después al enviudar el duque fue obligado a contraer matrimonio con su media hermana Leila, de esta unión nació Andrés, quien será mi esposo. Esa unión fue orden de la reina, sabemos que el Duque no lo aprobaba pero no tenía opción, la relación de ellos dos no son la mejor, si hablamos con la verdad, no es normal que se casen entre hermanos. El Duque no la reconoce como su esposa, así que el título de duquesa sigue vacío, todos le llamamos lady Leila, solo así, sin títulos. Bueno detrás del duque vienen una línea de marqués, condes, vizcondes, barones, si, nosotros estamos en la línea baja, mi familia viene de ser militares, el título fue ganado por su valor más no por ser ricos. Ahora bien, hay personas que son de especial cuidado, sobre todo las hijas de los condes y vizcondes, ellas son la que manejan todo aquí, deciden quién debe entrar a las sociedad y quien no, los barones aunque somos los menos aceptados somos la mayoría, así que tenemos un poder especial entre la corte. Al desposar a Andrés Reinols, él se convierte en Barón, será el amo y señor de esta casa, el título de Duque solo se le concederá a Bernardo como hijo mayor o en su defecto Rafael, segundo en la línea. Pero no está de todo mal, Andrés tendrá título propio y podrá codearse con la realeza por su posición familiar. Yo me convertiré en una baronesa, una mujer que ahora tendrá que pasearse por todo el reino abanicándome con elegancia, viviendo del dinero de mi esposo y sin hacer nada por mi propia vida. -Lizza mi madre nos espera para ir con la costurera, por favor no la incomodes llegando tarde.- -Ya voy Bea.- Terminó mi dibujo, es lo único que me mantiene fuera de este mundo, el carboncillo y los lienzos son mis aliados para salir de esta realidad que me asecha. -Límpiate bien las manos, mamá no permite que te veas sucia.- Paso al lavado, tallo muy bien mis manos con jabón, sé que Alicia se pone furiosa si no me veo impecable. Bea retoca mi cabello, de algo estoy segura es que esta mujer es muy buena en el arte del maquillaje y peinado, desearía que tuviera su propio negocio, ser una mujer independiente, pero eso es imposible. Salí en busca de Alicia, ya estaba en el carruaje esperando, desde aquí podía escuchar su zapateo, estaba impaciente por mi culpa. -Aquí estoy.- mencioné subiéndome -Siempre es lo mismo contigo, no eres una mujer obediente, pobre de tu esposo.- El cochero comenzó su camino, Bea iba hablando de cómo sería mi vestido, yo solo pensaba que sería un gasto innecesario, en casa estaba el vestido de mi madre, aquel que uso cuando desposó a mi padre, me parece que es el apropiado pero la baronesa decidió que no era digno. “La flor de otoño” habíamos llegado con la costurera, había señoritas haciendo fila para poder comprar algo de sus telas y encajes, la colección había cambiado así que deseaban tener todo de primera. -¡Baronesa Mayorga! Escuchamos decir, la asistente nos daba entrada preferencial, yo era la próxima novia, me casaría con el hijo de un duque.- -Entren niñas, tenemos mucho que hacer.- mencionó la baronesa, podía notar como veía a las demás con superioridad.- Habían cientos de telas por todo el lugar, yo pasaba mis dedos con delicadeza, es increíble el dinero que se gasta mensualmente en comprarlas para ser utilizada una vez. -No saben lo emocionada que estoy de tenerlas aquí, ya me enteré que serás la esposa del joven Andrés Reinols, qué privilegio.- La costurera hizo su entrada, traía algunos encajes en su mano.- -Lady Verónica, deseo que mi hija tenga el vestido más hermoso, ella puede que se convierta en una duquesa así que debe verse como tal.- ¿Duquesa yo? Para que eso pase deben morir los hermanos mayores y creo que ni así lo lograría, Andrés no es hijo del matrimonio legítimo así que no pude heredar el título. -Claro, pasé por aquí, le tomaré las medidas.- mencionó la mujer fingiendo una sonrisa, no es un secreto que todos odian a la baronesa.- La mujer comenzó a mostrar sus diseños, las telas más blancas y finas, accesorios venían de todos lados, yo me sentía como un cordero que va a su muerte. -¿Cuando se realizará la boda?- -Al llegar la primavera.- mencionó Alicia -Eso es pronto, tendré que correr para tener listo el vestido, como sabrán tengo muchos pedidos, todos para el magno evento.- -No te preocupes por el mío, puede ser algo sencillo.- -¡Tontería! El tuyo debe ser el mejor.- -La baronesa tiene razón, tienes que verte como una princesa ese día.- La tortura por fin había terminado, habían escogido el diseño y tomado mis medidas, por supuesto que nada fue de mi gusto, solo me quedaba sonreír y decir “Que encantador” ya mi rostro dolía de tanto fingir. Pero si pensaba que el vestido era una pérdida de dinero y tiempo, no se imaginan todo lo que veía, flores, comida, detalles para los asistentes, invitaciones donde claramente la realeza estaba en la lista, la casa se volvió un caos, los pocos recursos que teníamos se agotaron, estoy segura que mi padre hizo algunos préstamos para cubrir el costo total. Y así el gran día había llegado, hoy me casaría con Andrés Reinols, mi hermana y las damas de honor me ayudaban a vestir, yo solo respiraba con dificultad, la niñez y libertad se estaba evaporando, ahora debía comportarme como menciona la sociedad, algo que en verdad me aterra. Ajustan, jalan, mueven y corren mi cuerpo a su gusto, el corset está a punto de romperme la cintura, la tela fina y blanca cae suavemente sobre mi piel, el velo en mi rostro me cubre por completo, Bea se encargo personalmente de buscar los mejores accesorios, eran de mi madre, muy delicados y bellos como ella. -Lizza sé que no me lo creerás por qué somos hermanas, pero eres la novia más hermosa que jamás existió, me atrevo a decir que más bella que la princesa.- -Por favor Bea no lo digas en voz alta, podemos perder la cabeza por eso.- -Lo sé lo sé, solo digo la verdad.- Mencionó besando mi mejilla, debo ser honesta conmigo misma, no soy una mujer corriente, heredé la belleza de mi madre, mi cabello castaño y ondulado al estar expuesto ante el sol brilla majestuosamente, mi piel es blanca como la nieve que nos arropa en invierno, ojos cafés o miel, aún no lo descifro, labios rosados y carnudos, un lunar sobre ellos que hace que muchos deseen morder, mi cuerpo es como debería estar para esta época, delgada y bien formada, aunque algo se sale de los estándares y es mi generoso pero lindo busto. Los carruajes llegaron, escuchaba los murmullos de la gente, todos esperaban que la novia saliera de casa, conté uno a uno los escalones, un recordatorio que mi vida se estaba quedando en el olvido. El sonar de las campanas anunciaban el evento, todo el reino estaba presente, en mi mente solo estaba la cuenta regresiva, miles de números en mi mente que me distraía. -¿Lista?- escuché a mi padre en susurro, el sonido de mi palpitar era más fuerte al punto de casi volverme sorda.- -No quiero.- susurré -Recuerda por qué lo haces.- mencionó tomando mi brazo.- -Por ti.- -Es por tu hermana Bea, ella merece un futuro bueno y no puedo dárselo, ayúdame Lizza.- -Esto es Bea.- mencioné y comencé a caminar por ese largo y frío pasillo de la iglesia, al fondo estaba Andrés, vestía de n***o con una flor en su solapa, creo que debo controlarme si no me desmayaré. El cántico nupcial sonaba como un bello coro al infierno, tantos años queriendo evitar este momento y no pude escapar, ahora estoy aquí, a punto de convertirme en baronesa y esposa de un hombre. “Esta no es la vida que deseo pero por Bea lo haré.”
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