El silencio era sofocante mientras salían del edificio destruido, aún con los ecos de la explosión resonando en sus oídos. El aire fresco de la noche les golpeaba el rostro, pero no ofrecía alivio alguno; las mentes de todos estaban atrapadas en la tensión y el miedo del momento. Tyron apenas podía sostenerse de pie, ayudado por Michael y el técnico que lo liberó. Su novia, con los ojos hinchados por el llanto, se aferraba a su brazo, temblando de pies a cabeza. —¿Están bien? —Terry apareció de repente, su rostro una mezcla de preocupación y urgencia. Corrió hacia su hijo y lo envolvió en un abrazo rápido, apretando los hombros de Tyron como si quisiera asegurarse de que realmente estaba allí. Sano y salvo. —Sí, papá… —respondió Tyron, su voz temblorosa. Intentaba mantener la compostura,

