La sala del club era un cementerio de silencios rotos por susurros apagados. Los jugadores del equipo estaban desperdigados por los sofás y sillas, algunos con las manos sobre la cabeza, otros mirando al vacío, tratando de entender lo que había pasado en el campo esa noche. El partido había terminado en una una debacle. Y Kane no podía dejar de darle vueltas al asunto, como si en algún momento algo hiciera clic y le revelara la verdad detrás de esas últimas jugadas desastrosas. —No tiene sentido… —murmuró Kane, cruzando los brazos, su frustración visible en cada línea de su rostro—. ¿Cómo fallamos tanto? Practicamos esas jugadas hasta el cansancio. ¿Cómo es posible? Murray, se acercó a él y a los demás con un intento de consuelo, pero había una pesadez en sus palabras. Él también estaba

