Capítulo 8. El estacionamiento

1224 Words
Terry corrió y tuvo suerte pues ella se había demorado respondiendo una llamada y la encontró en el estacionamiento...Y aunque tenía presente lo que le dijeron los dos hermanos de la joven, incluso así, no pudo evitarlo... — QUÉ CARAJOS CREES QUÉ HACÉS — le dijo furibundo y la agarró del brazo al alcanzarla. Ella parpadeó por un instante confundida y luego se soltó. — QUÉ CARAJOS ESTÁS HACIENDO TÚ — le espetó del mismo modo y él suspiró fuerte. — Esto no es un juego Juju — dijo con un suspiro cansado —.Hay personas reales que trabajan para el equipo que no pueden estar supeditadas a tu caprichito de mocosa malcriada...— disparó. En ese momento ella sintió como si le hubieran dado una bofetada. — Tú...pero pensé que me apoyabas...— dijo dolida y pasmada con estupor; él así vez, se pasó la mano por su cabello corto rubio de modo nervioso. Sus ojos turquesa estaban muy oscuros, tormentosos. — Y qué se suponía que hiciera, ¿cargar a tu hermano con más preocupaciones? ¿no tiene suficientes ya??? — replicó él. Ella se cruzó de brazos haciendo que sus pequeños y bien formados senos se levantaran y él no pudo evitar dirigir hacia allí su mirada ¿qué carajos le pasaba? Ella no le respondió, y se giró para meterse en el auto. —Juju, espera... —dijo Terry, tomando su brazo de vuelta antes de que subiera a su vehículo. La joven se detuvo, girando para enfrentarlo, con una expresión de molestia en su rostro. —¿QUÉ pasa, Terry? —exclamó Juju, con una nota de fastidio en su voz. Terry suspiró, buscando las palabras adecuadas para expresar sus preocupaciones. —Yo...Mira no quiero discutir contigo — dijo y suspiró —. Solo es que no creo que estés lista para asumir el liderazgo del equipo. Es una tarea enorme y requiere experiencia y conocimiento profundo del juego, esto es serio...Te pondrá a prueba de modos en que no imaginas—dijo Terry, su tono serio mientras miraba fijamente a la pequeña. Y realmente lo era, físicamente le llegaba a la mitad del pecho, aunque estaba muy bien formada, sopesó, antes de agitar su cabeza para no perder el quit de la cuestión e intentando que sus ojos no se desviarán del rostro de la muchacha. Ni del tema. La tensión aumentó entre ellos exponencialmente, y Terry pudo sentir una atracción creciente hacia Juju. Era como si el conflicto entre ellos alimentara una chispa invisible que hacía que se sintiera como una cuerda a punto de romperse mientras su v***a se endurecía pese a la voluntad contraria de él. —No te estoy subestimando Juju — aclaró, con una pizca de deseo en sus ojos. — Y entonces ¿qué es lo que estás haciendo??? — replicó ella mordiendo sus labios. Él miró su boca. La atracción entre ellos era palpable y Terry se sintió abrumado por la intensidad del momento. Antes de que pudiera contenerse, se inclinó y la besó apasionadamente. Metiendo su lengua profundamente en su garganta mientras la abrazaba y agarraba su culo pequeño para acercarla y presionarla contra su dureza. Ella solo atinó a poner sus delgadas manos en su pecho. Terry apenas pudo separarse, y ella aspiró una bocanada de aire, ¿qué mierda le pasaba?, pensó el cuarentón confuso. Nunca se había sentido atraído hacia ella, de hecho no había estado atraído realmente por ninguna otra mujer desde que falleció Mireya. Juju, por su parte, se había quedado sin aliento, ¿Terry y ella? ¿REALMENTE??? ¡SI NI SIQUIERA LE GUSTABAN LOS VIEJOS!!! ¿Qué mierda le pasaba a su cuerpo que reaccionaba así ante ese...vejestorio? El carraspeó. —Eres una niña jugando con fuego —murmuró Terry contra sus labios, su voz cargada de excitación. Juju se apartó bruscamente de él, su pecho subía y bajaba con agitación. De repente se sintió molesta por alguna desconocida razón. —Y tú, un viejo grandulón que está más cerca de la jubilación que del balón —respondió ella con una mezcla de enojo y deseo, sus ojos brillando con intensidad mientras se subía al vehículo finalmente. Desde la ventana, la muchacha le lanzó una mirada desafiante. — No sé qué te pasa ni lo que deseas...— dijo ella mirando de reojo la entrepierna de Terry que se marcaba mucho en su denim. Eso le hizo recordar que él tenía cierta fama en el vestuario y la boca se le puso seca..."cómo sea" pensó y agregó —. Pero te lo advierto, no me jodas ni te metas en mi camino, Terry... — le advirtió y arrancó el vehículo. — Pareces muy segura de ti misma, NIÑA — le gritó él, caliente y molesto, y ella detuvo a un par de metros su auto y le mostró el dedo medio. — Las pelotas se medirán en la cancha. Y en lo que a mí respecta, las tuyas están por el suelo — exclamó con sorna ella y se alejó de allí con rapidez, dejando mucho humo en el aire. Terry se quedó allí, sintiendo el peso de sus palabras y la electricidad en el aire. Intuía que ese era solo el comienzo de algo complicado y potencialmente peligroso, pero no podía evitar sentirse intrigado por lo que le estaba pasando con la pequeña. Agitó la cabeza, y miró hacia los lados, no había nadie y aprovechó para acomodarse los huevos. Recordó lo último que le dijo ella... Qué tenía las bolas por el suelo, ¿qué le quiso decir? ¿Acaso...? Tardó un momento su cerebro en hacerle click, y la v***a se le puso aún más dura que antes. LA MALDITA MOCOSA LO HABÍA TRATADO DE VIEJO CON LO DE BOLAS POR EL SUELO, CÓMO SI LE COLGARAN LAS PELOTAS CÓMO A UN VIEJO GRRRR. Sintió el deseo imperioso de ponerla sobre sus rodillas y darle unas nalgadas en ese pequeño, redondo y bonito culo... es más, tenía ganas de atravesarlo con su gran v***a hasta que le pidiera por favor. Su v***a comenzó a doler. Con incomodidad, como un adolescente cachondo, se dirigió hasta su camioneta. Afortunadamente tenía los vidrios oscuros, pues ni bien se subió se acomodó y abrió su bragueta. Sacó su gruesa y fibrosa v***a, de solo pensar en su dulce boquita una perla de líquido seminal brilló en su punta... Rodeó el tronco grueso con su mano y comenzó a masturbarse hacia arriba y abajo mientras la imaginaba bajo él, cogiéndosela. Nunca la había visto como una mujer pero en ese momento quería penetrarla tanto tanto, quería encadenarla a su cama, y penetrar cada uno de sus agujeros hasta que la cría le suplicara por favor. Se la imaginó a gatas sobre la cama, provocándolo, él tomando sus caderas y abriendo sus cachetes para succionar su ano, lamerlo por dentro y después, se lo abriría más y hundiría su glande mientras sostenía sus caderas y ella le pediría por favor mientras él se hundía más y más, y luego comenzaría unas profundas estocadas mientras ella temblaba, casi como que podía sentir su carne tierna abriéndose para él como una flor, y de repente un chorro de leche saltó y casi salpica su frente mientras de su garganta salió un sonido primitivo, cargado de una inmensa satisfacción.
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