La oficina de Bárbara, ubicada en el corazón del estadio de los Cowboys de Dallas, emanaba elegancia y poder. Las paredes revestidas de madera oscura contrastaban con los modernos cuadros que exhibían momentos icónicos del equipo a lo largo de los años al igual que estaban decorados los estantes con trofeos y medallas que habían ganado, aunque habia otros en vitrinas distribuidas por los pasillos interiores del predio.
Un enorme escritorio de roble ocupaba el centro de la habitación, rodeado de cómodos sillones de cuero donde los "invitados" esperaban con ansias su audiencia con la dueña del equipo.
En este santuario del clásico football americano texano, Bárbara se encontraba ahora frente a una situación por demás desafiante. Sentada detrás de su imponente escritorio, con una expresión seria pero decidida, observaba a los presentes mientras la tensión flotaba en el aire.
Su ceño fruncido no le restaba belleza a la hermosa rubia cuyo apodo era "la princesa de hielo".
Johnny Falcone, su esposo y mariscal de campo estrella, y Ronnie, el aclamado entrenador, habían tenido un accidente y ahora todo el equipo dependía de una decisión crucial que dependía de ella. Y como dueña del equipo que le había legado su padre, un peso enorme y un oscuro horizonte se cernía, amenazadoramente, sobre ella.
Juju, la hermana de Ronnie y flamante ayudante del equipo contratada, se erguía con la espalda derecha, lista para defender su posición. Con los brazos cruzados y una mirada feroz en los ojos, argumentaba apasionadamente por qué ella era la elección obvia para asumir el cargo de entrenadora en reemplazo de su hermano. Enumeraba su experiencia en el campo, su profundo conocimiento del juego de su hermano y su dedicación inquebrantable al equipo. Cada palabra resonaba con convicción, mientras instaba a Bárbara a confiar en ella para liderar a los Cowboys hacia la victoria. Al menos, hasta que Ronnie se recuperara.
A su lado, Mario, un veterano ayudante del equipo, la miraba con seriedad, discrepando silenciosamente con las afirmaciones de Juju. Mientras tanto, Murray, el otro ayudante más joven, escuchaba con atención, consciente del peso de la situación y ansioso por alzarse con el puesto y la victoria, aunque fuera de modo provisional.
En el ambiente cargado de tensión y responsabilidad, Bárbara sabía que debía tomar una decisión que afectaría el destino del equipo. Sus ojos escudriñaban a cada uno de los presentes, evaluando sus habilidades, su pasión y su compromiso. La sala resonaba con el fervor del debate, mientras el destino de los Cowboys de Dallas pendía de una balanza que parecía hacer un delicado equilibrio sobre la coronilla platinada de Bárbara.
La rubia, con fama de gélida, observaba atentamente la discusión que se desarrollaba en su despacho, consciente de la importancia de cada palabra que se intercambiaba de forma apasionada.
Juju, con voz firme, continuó defendiendo su posición.
— Yo conozco el libro de jugadas de mi hermano como nadie más en este equipo. Lo he acompañado desde que era una niña y lo saben, siempre ha discutido las jugadas conmigo. Estuve a su lado desde el principio, desde que es coach y sé exactamente cómo ejecutar su visión en el campo como nadie más y lo sabes — le dijo a la rubia con un notorio ímpetu al otro ayudante de coach más joven.
Murray frunció el ceño, su escepticismo apenas disimulado.
— Pero eres demasiado joven, te acaban de confirmar en el puesto y... bueno, eres una mujer — dijo con un sutil dejo de desprecio que hizo que Bárbara frunciera más su ceño —.¿Realmente crees que puedes manejar la presión y las expectativas que vienen con este trabajo? Esto no es un juego para niñas, no estará tu hermano para que te metas bajo su ala... deberás enfrentar al equipo, a los medios, a los fanáticos...
La mandíbula de Juju se tensó, sus ojos centelleaban con indignación.
— Ni mi género ni mi juventud definen mi capacidad para liderar este equipo y lo sabes muy bien , o quizá no, porque yo estoy desde que Ronnie comenzó en cambio tú ¿hace cuanto que estás?. ¿Dos años??? Yo podré haber sido confirmada hace poco sí, pero Mario sabe desde cuándo he estado aquí y he demostrado mi valía una y otra vez, y claro que estoy lista para este desafío, a diferencia de ti yo no busco un logro exclusivamente personal sino para todo el equipo— dijo alzando su barbilla con altivez.
La tensión en la habitación aumentaba con cada palabra pronunciada. Murray parecía estar a punto de replicar, cuando el sonido estridente de un celular interrumpió la discusión de cuajo.
Bárbara se apresuró a sacar su teléfono del bolsillo, agradeciendo silenciosamente el alivio que la interrupción le brindaba. Después de revisar la pantalla, su expresión se volvió aún más grave.
— Lo siento, chicos — anunció, levantándose de su asiento —.Tengo que tomar esta llamada...
—¿Es del hospital? — se apresuró a preguntar Juju pero la rubia negó con la cabeza mientras se levantaba y apartaba de ellos y la joven suspiró, aunque sabía que Ronnie y Johnny aún necesitaban recuperarse sentía un gran alivio de que ya hubiera pasado lo peor.
Mientras Bárbara se retiraba para atender la urgente comunicación, el silencio se apoderó de la habitación, interrumpiendo temporalmente la intensa disputa entre Juju y Murray.
La joven se volvió hacia él con una mueca de desagrado y ambos se miraron midiéndose mutuamente, y respirando profundamente mientras la adrenalina de la discusión se desvanecía apenas momentáneamente.
Bárbara regresó al despacho con una expresión grave poco después.
— Lo siento por la interrupción —dijo mientras guardaba su teléfono celular
—.Tenemos asuntos urgentes que tratar, pero primero debo resolver una, mmm estemm "situación"...— dijo casi con un gruñido.
Mario intervino, intentando calmar los ánimos.
—Chicos, ya es suficiente. Tenemos que enfocarnos en encontrar una solución juntos, especialmente ahora que Johnny y Ronnie están fuera de combate, AHORA es cuando el equipo más nos necesita...— dijo con ímpetu.
Bárbara asintió, agradeciendo el intento de Mario por restaurar la calma.
— Tienes razón, Mario. Necesitamos trabajar en equipo en momentos como este...Y yo cuento con ustedes ahora que Ronnie y Johnny no podrán estar esta temporada, y por supuesto eso te incluye— dijo y le dedicó una sonrisa a la joven que se habia incorporado recientemente como la adquisición más joven y mujer para el area de entrenamiento del equipo. De hecho, no solo era la más joven en ese momento, sino la primera en desempeñar ese puesto en el club.
Justo cuando Bárbara estaba a punto de proponer una solución, su teléfono sonó de nuevo. Después de una breve conversación, cortó la llamada con un suspiro de resignación.
— Lo siento, chicos, pero ahora sí debo irme—anunció.
— ¿Te importaría que te acompañe? — Juju susurró para la evidente molestia de Murray.
Bárbara vaciló por un momento, pero finalmente aceptó.
—Claro, estaré encantada de que me acompañes— dijo y Juju miró al otro joven ayudante de coach con una sonrisa de autosatisfacción.
Poco después, mientras Bárbara conducía por las calles de Dallas, Juju aprovechó la oportunidad para exponer sus razones para asumir temporalmente el cargo de entrenadora.
— Bárbara, entiendo que esto sea un paso arriesgado, pero podríamos hacer historia juntas — argumentó Juju convencida —. Podríamos demostrarle al mundo que una mujer puede liderar un equipo de fútbol americano con éxito y llevar el equipo a la cima — afirmó convencida.
Bárbara reflexionó sobre las palabras de Juju mientras continuaban su camino y suspiró, pensando que el machista de su padre se debería estar revolviendo en su tumba solo con él hecho de que simplemente lo estuviera considerado.
Finalmente, llegaron a su destino y Bárbara estacionó el auto frente a un edificio escolar.
—¿Dónde estamos?— preguntó Juju, visiblemente sorprendida.
Bárbara sonrió enigmáticamente.
—Estamos en el colegio de mi hijo — dijo y suspiró —. Ahora ven conmigo...