Con eso en mente, caminó hacia el auto de Terry en silencio, ambos sumidos en sus pensamientos. La tensión en el aire era palpable. Cuando llegaron al auto, Terry abrió la puerta del acompañante de pasajero y le hizo un gesto a Juju para que subiera. —Vamos, Juju. Es mejor que vengas a casa conmigo esta noche. No deberías estar sola después de todo esto —insistió Terry con voz firme, pero amable. Juju dudó, mirando la puerta abierta del auto y luego a él, el vejestorio tentador. Sentía una mezcla de miedo y deseo, desconfianza y agotamiento. Todo a la vez. —Terry, de verdad agradezco tu oferta, pero no creo que sea buena idea. Necesito estar sola, en mi propio espacio, para pensar o a lo sumo puedo ir con mi amiga —respondió, su voz intentando ser firme. Terry suspiró, sabiendo que no

