UN MES SIN INCIDENTES Durante el resto de agosto y todo septiembre, me quedé con Paco durante la semana y pasamos los fines de semana en la mía. Nos instalamos en una rutina de compañerismo. Como parte de mi campaña para forjar una vida con amigos en la isla, asistí a la clase de español en la que me había inscripto en abril, que se impartía en una sala de la biblioteca local y que dirigía una hablante nativa de español que dominaba el inglés. Se llamaba Sofía. Tenía el pelo largo y n***o, ojos cálidos y una boca expresiva. Me gustó enseguida. En cuanto a los otros estudiantes, resultaron ser un grupo de expatriados muy competitivos. Hubo muchos empujones por la posición, tanto en lo que respecta a quién hablaba mejor español como a quién estaba más cerca de Sofía. Me resultaron tediosas

