RECUPERACIÓN La alarma se disparó cuando me desperté y me encontré con otra cara que se cernía sobre mí. ¿Quién era esta vez? Lentamente vi que era Paco, que me miraba sonriente, con una mirada de alivio. Me tomó de la mano. Se inclinó y me besó la mejilla. “Gracias a Dios”, murmuró. Sí, pensé, gracias a Dios, al universo, a quien sea, pero ¿dónde estaba yo? Miré a mi alrededor, al blanco estéril de una moderna habitación de hospital, al soporte de suero a mi lado. ¿Por qué estaba aquí? Los recuerdos volvieron, gradualmente al principio, y luego a borbotones, y volví a la tumba que había desenterrado en mi patio, una tumba de huesos viejos, una tumba que yo misma había cavado. Recordé haber cavado, haberme caído, no, haber sido empujada. Estrangulada. Luego, nada. Todo estaba en blanc

