Al día siguiente desperté con una sonrisa de oreja a oreja y ni siquiera entendía el porqué. Quizás era por el hecho de empezar a tener mi vida soñada aunque aún hacía falta un caballero con capa azul, pero por ahora iba todo bien y eso me gustaba.
Tenía un departamento pequeño, pero lindo y cómodo para mí, tenía un trabajo en donde hacía lo que realmente me gustaba y tenía un auto de color rojo el cual era mi color favorito así que por ahora no podía quejarme de mi enigmática vida.
En el día de hoy me decidí por un pantalón de vestir en color beige junto a una camisa blanca manga larga, unos tacones en n***o y me hice una coleta dejando mi cabello rubio perfectamente peinado. Me apliqué solo un poco de rubor en mis mejillas para no terminar tan pálida como realmente me encontraba y un buen labial en tono coral.
Finalmente cuando ya estaba vestida me preparé un batido de banana y lo metí en un termo para llevarlo al trabajo y ya luego compraría un buen desayuno para acompañarlo. Salí de mi departamento y entré en el ascensor para llegar hasta el aparcamiento e ir hasta mi auto y empezar con mi rutina del día de hoy.
Hoy sería un martes perfecto y estaba segura de ello.
Llegué a mi oficina, tomé el manuscrito en el que estaba trabajando ayer, recibí un texto de Hazel diciendo que hoy no vendría a trabajar porque amaneció con congestión nasal así que tendría que almorzar sola.
Tocaron a la puerta, era mi jefa la señora Ashley.
─Buenos días señora Ashley ─solté levantándome de mi silla.
─Buenos días ¿cómo vas con el manuscrito? ─preguntó.
─Muy bien, ya estoy en la mitad quizás para mañana ya esté listo ─solté, ella asintió y salió de mi oficina.
Vaya que señora más extraña. Ayer no dejaba de sonreír y hoy al parecer esa sonrisa le hacía falta.
Era la hora del almuerzo, estaba en mi oficina pensando que hacer para no ir a un restaurante sola a comer, cuando recordé a alguien.
Salí de mi oficina y llegué a la recepción pregunté dónde se encontraba las oficinas de equipo técnico y una chica me llevo hasta ellas.
Me detuve frente a una puerta en color n***o donde se encontraba su nombre.
Connor White.
Toqué dos veces y él abrió la puerta al verme sonrió y vi esos colmillos.
─Ángel ─soltó.
─Hola ¿quieres ir a almorzar? ─pregunté.
─Claro ─respondió cerrando la puerta tras de sí.
─Hice una amiga ayer su nombre es Hazel, hoy no vino a trabajar y bueno...
─No tenías con quien almorzar ─continuó y asentí.
─No sientas que te estoy usando solo porque no tenía...
─Le daré las gracias a Hazel después, y no te preocupes no pienso eso, estoy feliz por pasar tiempo contigo Ángel ─soltó y asentí.
─¿A dónde quieres ir? Yo invito ─dije y él negó con la cabeza.
─Yo invito y te llevaré a un muy buen lugar, ya arreglé mi auto asique iremos en el ─exclamó tomando mi mano.
Sí, me tomó la mano en nuestro lugar de trabajo, todas las miradas se posaron en nosotros.
Después de veinte minutos en los que Connor conducía, llegamos a un restaurante muy bonito al aire libre.
─Bienvenida Ángel ─dijo Connor abriendo mi puerta.
─Está muy bonito este lugar ─solté.
─No tan bonito como tú ─contestó.
─¿Siempre eres así tan lindo? ─pregunté.
─Sólo con chicas que llaman mi atención al mirarlas por primera vez ─respondió.
Entramos al restaurante y Connor pidió una mesa cerca de una fuente. Pidió la especialidad del restaurante y nos mantuvimos en silencio esperando la comida.
─No suelo decir este tipo de cosas al conocer una chica, pero quiera invitarte a salir un día y conocerte mejor ─soltó.
─Claro que sí, me encantaría eres un buen chico ─dije.
─¿Tienes pareja? ─preguntó.
─No ¿y tú? ─respondí.
─No, estaba esperando por ti ─dijo con una sonrisa en sus labios.
Vaya pero que directo me salió.
─No sé qué decir ante eso ─contesté y él sonrió.
─Solo di que estas dispuesta a conocerme y listo ─soltó.
¿Será este mi caballero con capucha azul? Quizás si, quien sabe.
A veces todo lo que necesitas hacer es dar un buen salto de fe aunque el mío salió muy mal.
─Estoy dispuesta a conocerte y listo ─repetí lo que dijo con una sonrisa, él soltó una carcajada.
Nos dispusimos en comer cuando el mesero trajo nuestros platos, reímos, hablamos y Connor me pareció un chico muy educado y con un futuro brillante.
Luego regresamos a su auto y en completo silencio estuvimos en todo el camino hasta que llegamos a la editorial y nuevamente algunas miradas estaban sobre nosotros lo cual me hizo sentir un poco extraña, pero decidí dejarlo pasar.
Connor me acompaño a mi oficina y eso me hizo sentir segura e incluso fue un detalle viendo de su parte.
─Gracias por el almuerzo ─dije dándome la vuelta para entrar a mi oficina, cuando me tomó del brazo.
─¿No me vas a dar un beso de despedida? ─preguntó, me volteé y me acerqué a él, su colonia inundo mis fosas nasales, le di un beso en la mejilla.
─Gracias ─contesté con una sonrisa.
─Espero que el próximo sea en los labios ─soltó con una sonrisa en sus labios.
En cuanto esas palabras dejaron sus labios pude sentir como mis mejillas tomaron un color rojo, pero gracias a que él se dio la vuelta no lo noto así que estuve salvada por la campana de pasar vergüenza a mi edad.
Aún no podía creer que me seguía sonrojando cuando algún chico me hacía un cumplido o incluso era directo conmigo. Me sentía una universitaria todavía y eso no me gustaba del todo.
Connor caminó por el pasillo y lo vi entrar al ascensor.
Entré a mi oficina y cerré la puerta tras de mí, tomé asiento en mi silla, llevé las manos a mi cabeza y una estúpida sonrisa estaba en mi rostro.
Este chico es perfecto.