Podía sentir mi pulso latente en la vena de mi cuello y ni hablar de como mi corazón latía frenéticamente dentro de mi pecho ante lo que Román había acabado de decir. Lo único que estaba pasando por mi cabeza en ese momento era de que nadie entrará por esa puerta y nos descubriera no sé qué haciendo ya que aún no hacíamos nada, pero sé que algo pasaría y estaba super nerviosa. Los ojos de Román estaban en mis labios y luego dieron a mis ojos para después en un hábil y rápido movimiento pegar mi espalda al archivador, de modo que un pequeño jadeo escapo de mis labios al sentir el frío del aluminio en mi piel, Román colocó una de sus manos en mi cintura y sin dejar de mirar a mis ojos empezó a subir esa misma mano desde mi cintura hasta llegar a mi cuello y luego acunarla entre mi mejilla y

