Capítulo 6

1469 Words
Jacob Maslow. —Señor, la paciente Lewis se encuentra afuera— —Hazla pasar Gissel— —De inmediato—se retira haciendo resonar sus altos tacones. Cuando ya no escucho sus pasos, acomodo mi cabello de manera instantánea y así también mis lentes. Quiero verme bien, profesional y relajado. Oh por supuesto que si, Jacob. Todo un don Juan. —Buenas tardes— susurró al entrar. —Oh Paython, buenas tardes, pasa y toma asiento—trato de sonar lo más tranquilo posible. Ella asiente y se recuesta en el sillón. Su mirada se pierde en el techo y sus manos las entrelaza sobre su estómago. —¿Cómo has estado?— comienzo la terapia soltando aquellas palabras. —Como siempre, quizás un poco peor— eso me inquieta un poco, pues la vi tan bien ese día, tan...radiante. —¿Puedo saber el motivo?— pregunté tajante. —Las cosas en mi casa cada vez están peor, juro que no los soporto más. No veo la hora de poder largarme de allí—de a poco suelta la frase, la noto un poco mas acelerada que la sesión anterior. —¿Por qué no lo haces ya? Eres mayor de edad...— —No puedo, no aún. Ellos no lo permitirán y mucho menos él— Eso enciende mis alarmas. ¿Él? Tranquilo, trata de no tensarte.  —¿Quién es él, Peython?— acomodé mis lentes observándola. —Es alguien a quien odio— sus lágrimas comenzaron a hacerse notar, más sin embargo ella no permitió que bajasen. —Hagamos algo— susurré— cierra tus ojos y dime que ves, dime quien es Peython, dime que sientes— Ella sigue mis indicaciones, pero no da el resultado que esperaba. Unos gemidos de dolor comenzaron a salir de su boca y esta vez si comenzó a llorar. —No me deja en paz, jamás lo hará— sollozó. Su cuerpo empieza a temblar. Está teniendo un ataque de pánico. Viviendo una especie de crisis que no solo la alteraba a ella, sino que a mi también. Comencé a anotar todo lo que pasaba, todo lo que ella sentía. Necesitaba abrazarla y contenerla, pero no podía. Aún no. Sus manos comenzaron a hacerse puños y supe que debía calmarle. —Peython tranquilízate, aquí estoy yo. Nadie te dañará— Ella negaba con su cabeza. —Siempre encuentran la forma de lastimarme... no soy nada ni nadie para ellos— responde en un susurro lastimero. Para ellos. —Peython, abre los ojos— me atreví a tomar su mano al ver que no lo hacía— vamos, estás aquí conmigo..— Al sentir mi contacto ella abre sus ojos de manera rápida y suelta su mano como si mi tacto la quemara. Eso se siente realmente mal. —Creo-creo que es hora de irme— dice secando sus lágrimas y largando un suspiro de alivio. Noto sus ojos hinchados más claros de lo normal. —Aún te quedan 20 minutos, Peython— simplemente me encanta decir su nombre. Es muy bonito. —Los recuperaré otro día...— —¿Segura? Por lo menos espera a tranquilizarte para irte— Hacía todo lo posible porque no se fuera. No aún. No así. No es recomendable que ningún paciente se retire de tal forma de su cita terapéutica, mucho menos en tal estado de crisis. —De acuerdo, esperaré a calmarme y luego me iré— asiente y de su mochila saca un paquete de pañuelos— ¿aquí hay baño?— —Por supuesto, es aquella puerta negra— no contestó y se dirigió allí. Para no perder tiempo, tomé el teléfono fijo y le pedí a mi secretaria dos cafés negros. Para los nervios y la frialdad. Tardó exactamente tres minutos en traerlos, mientras que Peython aún no salía. ¿Y si se desmayó? Quizás está teniendo otra crisis de nervios. ¿Debería entrar? Descarté esa idea al verla salir, con su rostro pálido y sus ojos cansados. —Creo que es hora de irme— —NO— dije casi al instante, ella me miró raro— ven, tomate un café para que te calmes y luego te vas— Suspiró cansada y arqueó las cejas. —¿No vas a dejarme ir hasta que lo tome, verdad?— —Exactamente— sonrío levemente y ella frunce el ceño. —Bien—suelta rendida. Se sienta y toma la taza entre sus delgados dedos. —Bonitas uñas— comento al notarlas, color celeste con letras— esas son..como se llaman¿esculpidas?— sueno algo tonto, pero es necesario. Ella ríe por mi pregunta. Primer paso, confianza. Que bonita sonrisa. —Así es, me las hizo una compañera de trabajo. No sabía que tenías idea de lo que son las uñas esculpidas, es decir, por lo general los hombres no suelen, ya sabes...notar esos detalles— —Oh pues, tengo muchas pacientes y por lo que he visto, están de moda— —Así es— terminó de decirlo para luego tomar su café, dejándonos en un silencio incómodo. Aclaro mi garganta y decido tratar de conocerle más. —Y dime Peython— ella desvió su mirada hacia mi a través de la taza— tienes amigos, compañeros...¿novio?— Disimula imbécil. Pensé que haría alguna especie de mueca, pero sin embargo, contestó la pregunta sin problemas. —En el instituto me va bien, tengo muchos compañeros y solo una amiga más cercana y pues, no, no tengo novio— dice lo último con obviedad. Decido hacer la siguiente pregunta, intentando que la conversación fluya lo mas sana posible. —¿Y por qué ese tono?— —¿No es obvio? Nadie querría salir con una rara como yo...no estoy dentro de los estándares, no tengo nada especial. Solo soy yo— Así que tienes problemas de autoestima, Peython. Bueno, de hecho lo noté desde su primera sesión. Simplemente es que no pensé que fuese tan...profundo. —¿Qué te hace pensar eso?— —Hasta la pregunta es tonta cuando la respuesta está ante tus ojos— La observe analizándolo. Intentando encontrar algo más allá de la oscuridad de sus ojos, pero no pude. Ella no lo permitía. —Según tus estándares puedes tener amigos ¿pero una pareja no?— asintió— de acuerdo— susurré. —En verdad tengo que irme— —Todavía te quedan diez minutos— —Diez minutos que podría invertirlos en algo más productivo, señor Maslow— ¿Y ahora que hice? Pensé que íbamos bien, Peython. —Si viniste hasta aquí fue porque necesitas ayuda y eso estoy tratando de hacer, señorita Lewis— Ella frunció el ceño pero asintió. —Así como le pido ayuda le pago, señor Maslow, y si decido que es hora de irme, pues es porque lo es. Nos vemos luego— Antes de que pudiese detenerla, ella ya estaba cerrando la puerta. —Rayos— golpeo la mesita central de la oficina— esto no tendría que haber terminado así— susurro antes de salir tras ella. Camino a toda prisa del edificio al notar que ya ha salido de aquí. Miro por todos lados hasta que logro visualizar su cabello castaño oscuro. —Peython— llamo a lo lejos, ella volteó por un segundo y luego siguió caminando— Peython— volví a llamar y esta vez si se detuvo. Cruzó sus brazos y me observo expectante. —¿Qué necesitas?— —Hablar contigo, saber ¿por qué te fuiste así?— pregunto preocupado. —Esto no está funcionando...—comenzó— porque en verdad pensé que esto sería más fácil y podía abrirme con alguien pero no es así— Sus ojos agrietados me llamaban a poder consolarla, pero mi profesionalismo me ataba en todos los sentidos. —Sólo sé que no soy como los demás, no sabes como desearía ser diferente— —Eres diferente Peython y eso es lo que te hace especial— tomé su mano y la estruje— a veces lo común aburre, no es divertido..— me interrumpió. —Lo común es lo malditamente normal y eso es lo que quiero, ser normal— No dudé en contestar. —Lo eres, pero con un toque esencial que ya nadie lo tiene— ella observó nuestras manos y tembló. —Solo déjame ayudarte ¿si? No es anormal que te cueste, a todos les pasa. Confía en mi, yo podré ayudarte— —¿Por qué te empeñas tanto?— soltó nuestra unión. —Porque es la primera vez que conozco a alguien que realmente vale la pena ayudar— Ella suspiró y en cuanto se dio la vuelta para irse solté. —Y porque eres especial para mí Peython— **
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