Capítulo 3

1283 Words
Peython Lewis. Oír esa voz tan horrible y asquerosa es como si un cuchillo me estuviese atravesando la espalda, una y otra vez. Una tortura constante, como si ya no tuviese suficiente. —Buen día— contesto seca y distante. Aun sin voltear, intentando mantener mi postura. —¿Me extrañaste? Porque yo a ti si— me abraza por atrás y me tenso. Tranquila. Tranquila. Tranquila. —No, no lo hice y no tendría porqué hacerlo— me remuevo intentando que me suelte, pero solo logro que se pegue más a mi. Respira. Respira. Respira. —No seas mala conmigo hermosa, sabes que te puede ir mal— besa mi cuello y el lóbulo de mi oreja— a veces solo tendrías que dejarte llevar...—unos pasos interrumpen. —Buen día papi— rápidamente Ian se aleja de mi al escuchar la odiosa voz de su preciada hija. Raquel. Una de mis mayores tortura. Hasta su nombre es horrendo. —Hola cariño ¿Cómo amaneció mi princesa?— pongo mis ojos en blanco Es tan ridículo. —Muy bien, aunque... Estuviese mejor si no tuviera que ver todos los días a esta...arrimada—en tono es palpable el veneno. Respiro profundo para no contestar. No te rebajes a su nivel, no la mires ni contestes. Tú eres mejor que eso. No eres mala persona, Peython. —Raquel, te he dicho que no seas grosera con tu hermana— le reprende su "honorable" padre. Que se note el sarcasmo por favor. Este hombre es de todos los adjetivos despectivos que se puedan imaginar, está muy lejos de ser honorable. —¿Hermana? ¿Esta? Por favor papá, ese título no se lo lleva cualquiera y menos una... Basura como ella— Cierro mis ojos aguantando las lágrimas que, sin querer, aparecieron debido a la impotencia. Tantos años aguantando el mismo daño verbal, y aun no he podido superarlo. No sé si algún día sus palabras podrían no afectarme. —Raquel fue suficiente, lárgate, ve a la mesa, y no quiero verte hasta que esté listo el desayuno—le reprende de modo firme. —Ay papá, no sé porqué te esfuerzas tanto en defender a esta... Cosa, pero bueno, al rato te veo— Escucho sus tacones alejándose y suspiro frustrada pero a la vez aliviada...una rara combinación. —Sabes que no es cierto lo que ella dice tesoro, tu vales mucho— acaricia mi brazo y lo aparto, ahí está de nuevo intentando manipularme con sus estúpidas adulaciones. —Déjame terminar de cocinar, por favor— suelto rendida. No estoy de ánimos para seguir discutiendo con nadie. —Está bien, date prisa, ya muero de hambre— deja un asqueroso y sonoro beso en mi mejilla para luego retirarse dejando resonar las suelas de sus caros zapatos. Si, así básicamente son todas mis mañanas, tener que levantarme temprano y aguantar tanto desde el primer hasta el último minuto en esta casa. Es como vivir en el verdadero infierno, y sinceramente no sé por que me toca pasar por toda mierda. Decido darme prisa y termino todo para así irme de una vez por todas. Prefiero mil veces estar en la calle, suena tan irreverente, pero cualquier lugar que no sea aquí y en donde no estén mis verdugos atormentándome, se siente como en casa. Si, cualquier lugar, hasta el más oscuro de los callejones. ***** —Al fin, ya tenía hambre niña— comenta de forma brusca mi madre al verme entrar con la bandeja de desayuno. —Ya vez mami Grace, esta tonta cada vez está más lenta— suelta una risita— lenta, fea y tonta. No tiene nada de gracia en ella— Ambas comienzan a reír y yo solo agacho mi cabeza, como la valiente que soy.. Comienzo a poner todo en su lugar y luego me dispongo a recoger lo mío. —Ya, apúrate y vete que quiero desayunar a gusto— vuelve a hablar mi madre. —Ella desayunará con nosotros— al oír eso me quedo helada. No quiero, no quiero. Como siempre mi "salvador" intentando incluirme en sus asquerosos planes. —¿Qué? Por supuesto que no amor, cuando se ha visto que los animales coman en la mesa— Pues ustedes todos los días lo hacen.. Si tan solo tuviera valor de decirlo. Cobarde! Cobarde! Cobarde! Grita mi subconsciente a todo pulmón. Y tiene tanta razón, si tuviese una pisca de valentía en mi cuerpo, hace rato hubiese saldo de aquí. —Fue suficiente, no quiero oír otro insulto más para Peython o, por lo menos, no mientras yo esté presente— alega golpeando la mesa.—Soy el hombre de esta casa y he dicho que ella desayunará hoy y a partir de ahora, todos los días con nosotros les guste o no, fin de la discusión— Mierda, que diablos estás pretendiendo ahora, King. Mi "mamá" y su hija lo miran atónitas y luego me dirigen una mirada envenenada, de esas que si mataran, ya estaría tres metros bajo tierra... Ojalá. —Toma asiento Peython, por favor— Esto es tan raro e hipócrita a la vez. No pienso hacerlo, no pienso sentarme con ellos y fingir que todo va normal. No soy una King, soy una Lewis y jamás le sería ileal a mi padre. —No gracias, de hecho tengo que irme ya o llegaré tarde, el autobús pasa a horario— digo intentando zafarme de todo esto. —En ese caso, siéntate y desayuna tranquila, yo te llevaré al colegio— oh no, eso jamás. No me subiría al mismo coche que él en mi vida, quien sabe en donde terminaría parada. —¡Papá!— refunfuña Raquel. —No gracias en verdad, debo irme—suelto de manera rápida, intentando sonar lo más amable y sumisa posible. —Mocosa mal agradecida, obedece a tu padre—Grace interviene observándome como si sus ojos fuesen a salirse de su lugar. "Padre" esa palabra le queda muy grande a ese idiota. Y pensar que en algún momento de mi vida comencé a intentar verlo de esa manera. Simplemente la miro, tomo una manzana de la mesa, recojo mi mochila del suelo y salgo de la casa. Tengo que admitir que si fuese esa pequeña de quince años ni loca me hubiese arriesgado a tanto, pero he crecido y madurado. Solo espero que luego a Ian o mi madre se les de por "castigarme" porque hay dos opciones: •Golpes en la cara por insolente. •O tener que sufrir abusos de tipo sádicos por parte de Ian. Cualquiera es costumbre, triste pero cierto. Niego lentamente y me dirijo a la parada de autobuses. Conecto mis auriculares al celular y subo el volumen al máximo. Olvidándome de todo y todos. Las canciones de Queen deleitan mis oídos haciendo que todo sea casi perfecto, olvidando el hecho de que mi vida es un completo desastre. Sino fuera porque justo mi bus esta a punto de irse y me toca correr hasta alcanzarlo. —¡OH NO!— grito al ver que avanza— ¡PARA POR FAVOOR!— me toca gritarle al chofer o bueno... A la nada. ¿Vergüenza? ¿De qué? Si ya he pasado las mil y una.. Por suerte el hombre parece oírme ya que detiene el transporte y acalorada logro subir. Quiero reír en este instante. —Oh muchas gracias señor— digo respirando con dificultad. —No es nada niña, todos necesitamos llegar a horario— contesta de forma amable el hombre. Paso mi tarjera pagando mi pasaje y voy hasta un asiento con ventanilla para observar el paisaje hasta llegar a mi destino.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD