Pasado

2892 Words
12 años atrás Mamá y yo teníamos una discusión. Lo cual últimamente sucedía muy a menudo. Recuerdo cuando era más chica y todo era perfecto, pero, desde que empecé a crecer y quise tomar mis propias decisiones, teníamos constantes peleas, la más reciente era sobre la perfección, ¿de verdad crees en la perfección? Esa era siempre mi pregunta, dime una sola cosa que sea perfecta y yo te demostrare que no lo es – Yo- respondió mi madre- yo soy perfecta- la mire un momento directo a los ojos, sabía que la réplica a su respuesta me costaría, pero tenía que sacarla de su error -No madre, tú no eres perfecta, eres guapa e inteligente, sabes bailar, tocar el piano, sabes pintar. Siempre vas perfectamente vestida y ante los ojos de los demás eres la mejor esposa y madre, pero dentro de esta casa eres distante, nunca nos besas o eres amorosa, nunca sonríes, no de verdad.- Y era verdad, pero no siempre había sido así, antes ella era la mamá más cariñosa del mundo, pero ahora no podía recordar cuanto tiempo había pasado ya de eso Vi su rostro hermoso y sus ojos color avellanas mirarme perplejos, por un momento la había dejado sin palabras, no me quede a escuchar la regañina, me marche inmediatamente a mi recamara y por si acaso, le puse el seguro. Luego me acosté y me quede en la cama esperando se desatara la guerra, pero esto no sucedió. No supe en que momento me dormí, unos nudillos me sacaron de mi sueño, donde mi madre corría detrás de mí en un campo inmenso, primero pensaba que me perseguía para regañarme por no ser perfecta, luego me di cuenta que reía, que estaba corriendo conmigo, no detrás de mí, ella estaba sonriendo, ¡sonriendo de verdad! Me levante de un salto y me acerque temerosa a la puerta, si era mamá le pediría disculpas por lo que había dicho. Al abrir la puerta parada frente a mí esta una mujer policía -¿Eres Louise?- -Sí, soy yo- -Necesito que me acompañes un momento por favor, hay alguien abajo que quiere hablarte- -¿Mi madre ha hecho esto? Pienso disculparme con ella, no era necesario hablarle a la policía- -Ella no nos llamo- Deje de preguntar porque no entendía nada, realmente era absurdo pensar que mamá le había hablado a una policía, camine tras ella y bajamos hasta la sala donde se encontraba un hombre, también policía, caminaba de un lado a otro. -Señorita Hamilton, soy el Agente de la policía, Marcos Aguirre- -¿Qué hace usted aquí? ¿Dónde están mis padres?- -Por favor tome asiento un momento.- me senté y frente a mi se sentó él, ese hombre me daba desconfianza, mucha. -¿Cuándo fue la última vez que vio a sus padres?- -Poco después de comer, mamá y yo discutimos porque yo no soy perfecta, se supone que iríamos todos a casa de unos amigos de mi padre, pero por la pelea que tuvimos, me subí a mi recamara y me quede dormida, se debieron ir sin mí- dije levantándome del sillón y caminando hacia la ventana, de donde se veía si la camioneta de papá estaba en casa- sí, eso ha pasado, la camioneta no está, seguro están todavía allí, tengo la dirección por si necesita ir a verlos. -No es necesario, por favor tome asiento- -¿Qué pasa?- -Tus padres no llegaron a esa fiesta, lo siento mucho Louise, tus padres tuvieron un fuerte accidente en la carretera, el arcén estaba mojado por la lluvia, debieron patinar y cayeron por un barranco, los 3, tu papá y tú mamá murieron en el lugar del accidente, tu hermano está muy grave en el hospital.- No entendía nada de lo que decía ese policía, lluvia ¿Cuál lluvia? allí no llovía, eso no podía ser cierto, me levante de sillón y corrí escaleras arriba, a la recamara de mis papás, estaba vacía, después corrí a la recamara de mi hermanito, solo había unos juguetes tirados sobre el piso, no no no, lo que decía ese policía debía ser un error. Cogí el teléfono del pasillo y llame a casa de los Belmont, allí era la fiesta, me sabía el número de memoria porque Aldo Belmont era mi novio y nos la pasábamos pegados al teléfono todo el tiempo. El teléfono sonó 1, 2, 3, 4, 5 hasta que alguien contesto por fin -Casa de la familia Belmont- -Bueno, por favor comuníquenme con los Sres. Hamilton, asistieron a la fiesta que se celebra hoy allí, dígales que soy su hija- hubo un silencio luego Aldo me hablo -¿Lou? ¿Louise eres tú?- -¿Aldo? Aldo gracias a Dios, por favor busca a mis padres, me urge hablar con ellos.- -¡Lou! – “papá, Louise está al teléfono”, lo escuche gritar – te pasare con mi papá, quiere hablarte- -Louise, pensamos que tú también venias en la camioneta con tus papas, no nos quieren decir nada- -¿Quiénes?- -La policía- -¿entonces mis padres no están allí, en la fiesta?- -No Lou, tus papás no llegaron a la fiesta, la fiesta se canceló- me quede allí un segundo, eso no podía ser verdad, el padre de Aldo seguía hablando pero no podía escucharle, mis ojos se inundaron de lágrimas y entonces cada palabra escuchada por el policía empezaron a sonar una a una en mi cabeza, mis padres estaban muertos y mi hermano muriendo en un hospital, no, no, no., aventé el teléfono contra una pared y luego empecé a gritar, unos brazos me aferraron, era la mujer policía, me abrazo hasta que me tranquilice un poco, luego me llevo a bajo con el otro agente -Qui-quiero ver a mi hermano- -Antes debes de calmarte- -¡No! Debo ir a verlo ahora mismo, el estará solo y tendrá mucho miedo- -Bien, vamos, en el camino te hare unas preguntas- -Ok.- camine detrás del policía, luego entre en su coche patrulla, no atrás, adelante junto a él, las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos, pensé en lo último que le había dicho a mi madre, mis últimas palabras hacia ella. -Ellos no pueden estar muertos, no pueden- -Se lo mucho que cuesta creerlo, pero así es, desgraciadamente es verdad, cuando hablamos a casa del Sr. Belmont, este nos confirmó la asistencia de la familia completa a su fiesta y pensamos que tú, habrías salido disparada del vehículo, por el impacto, tenía a mucha gente buscándote, hasta que a la agente Carmín se le ocurrió venir a tu casa y te encontramos allí, por lo que sea que haya pasado, tú te salvaste.- -Discutí con mamá, ella solo quería que yo fuera perfecta y la rete a decirme algo que fuera perfecto, ella creía ser perfecta y yo de una manera irrespetuosa le conteste que no lo era, lo último que le dije fueron las cosas que la hacen, que la hacían imperfecta. -Dijiste lo que pensabas- -Pude haberle dicho que la amaba- -Seguro ella lo sabía – ¿lo sabría?, llegamos al hospital y caminamos por un pasillo, hasta la habitación en la que se encontraba mi hermano, según dijo la enfermera, pronto entraría a quirófano, de momento estaba en coma inducido, tenía varios huesos rotos, pero lo que más les preocupaba, era su cabeza, se había llevado un fuerte golpe, necesitaban la firma de alguien que se hiciera responsable de él y quien aceptara los riesgos de la operación, sin poderlo pensar mucho, firme los documentos que, autorizaban lo ingresaran al quirófano, y, deslindaban al hospital de responsabilidades, antes de que se lo llevaran entre a verlo, sentí como se me oprimía el pecho y desee estar en su lugar ¡mi niño, tan frágil e indefenso!., desde el momento en que nació, cuando vi su rostro por primera vez, supe que lo amaría eternamente, era tan hermoso, fue creciendo y convirtiéndose en mi persona favorita, mi padre decía que seguro yo sería la mejor hermana del mundo, me encantaba jugar con él, siempre ayudaba a mamá a cuidarlo. Lo observe en esa cama, con golpes por todos lados y quise que todo fuera una pesadilla, de la que quería despertar ya, me acerque a él con miedo de lastimarlo, lo tome de la mano con cuidado, le bese la mejilla y le dije que yo estaba con él, no sabía si me escucharía o no pero necesitaba que supiera que yo estaba ahí, que no estaba solo y que estaría con él por siempre. Pronto se lo llevaron para prepararlo para su ingreso al quirófano, el doctor trato de informarme que era lo que harían, pero no entendí mucho, tenía como un zumbido en la cabeza, que no me dejaba escuchar ni pensar. El agente Aguirre me seguía esperando, al parecer tenia algunas preguntas, no entendía que podía querer de mí, pero trate de prestar atención a lo que sea que quisiera. -¿sabes si tu padre tenía algún enemigo?- -¿algún enemigo? No claro que no, mi padre es, era un gran hombre, el mejor padre que he podido tener, no entiendo a qué viene esa pregunta- respondí un poco molesta y confundida por su pregunta -Lo siento, eres su única familiar directa y necesito llevar a cabo algunas investigaciones- -No se supone la lluvia fue la que causo el accidente ¿Qué más necesita averiguar?- -Es solo un informe de rutina, mis disculpas y si necesitas algo o te puedo ayudar en algo no dudes en buscarme, esta es mi tarjeta- me tendió una tarjeta y se levantó dispuesto a marcharse -No sé qué debo hacer- dije antes de que él se marchara- mis padres ¿Dónde están? Debo arreglar su funeral- dije con un nudo en la garganta y sintiendo como de nuevo mis lágrimas salían, se acercó de nuevo a mí y me ofreció una servilleta -En este momento se encuentran en la morgue, están realizando la autopsia, ¿tienes más familia, abuelos, tíos, alguien que te pueda venir a ayudar?- -No, solo éramos nosotros- -Lo siento de verdad- -Gracias, hablare con los Belmont, Rafael era el mejor amigo de papá, además de su abogado, ellos seguro me podrán ayudar a arreglarlo todo, no se preocupe y gracias por traerme- Y así fue, hable a casa de Aldo y les dije donde me encontraba, llegaron a los minutos de haberles hablado y les conté todo lo que había pasado, Aldo me consoló a mí, mientras su padre lloraba desconsolado, me ofreció su apoyo en todo lo que necesitara y después se marchó a la morgue a encargarse de todo, conmigo se quedó Aldo, hasta que mi hermano salió de la cirugía y supimos estaba estable, estaba en coma inducido y el doctor decía que por el momento era lo mejor, solo quedaba esperar. Todo lo demás sucedió de prisa, el velorio de mis padres, su entierro, yo solo había ido a casa una sola vez desde el día del accidente, llevaba ya 5 días pegada a la cama de mi hermano, ese día debía ir al despacho de Rafael pues me había dicho, se debía leer el testamento. Llegue sobre las 5 pm a su despacho, no había ido a la escuela, recibía algunas visitas en el hospital y trataba de ponerme al corriente con lo que mis compañeros y maestros me llevaban, pero me era muy difícil continuar con mi vida, era como si todo se hubiese detenido, aunque por supuesto, el mundo no se detenía. En el despacho se encontraba Ángel, uno de los socios de papá, quien también había estado pendiente de mí esos días, tenía ojeras y se veía demacrado Después de los saludos fue momento de empezar -Escucha Louise- Empezó diciendo Rafael- no habíamos querido informarte de todo lo que estaba pasando, para no causarte más preocupaciones, pero es necesario sepas lo que está por venir, ya que deberás ser muy fuerte, más aun- -¿Que sucede?- Respondí sin poder imaginar que era lo que quería decir - ¿No deberíamos esperar a Stephan? ya que si estas tu aquí, Ángel, supongo el también debería- vi cómo se tensaban y se miraban entre ellos -Si bueno, debería pero no está, escucha- continuo diciendo Ángel- antes que nada debes saber que tu padre es y siempre será un gran ejemplo para mí, el mejor hombre que conocí, mi mejor amigo y por supuesto inocente de todo- -¿Inocente de qué?- -Hay una demanda hacia la constructora, nos acusan de fraude, un fraude muy muy grande, que no cometimos ni tú papá ni yo, todo apunta a que fue Stephan, aunque por supuesto no hay pruebas, la única es que el dinero no está y que él tampoco aparece, desde hace poco más de una semana - ¿Mi papá lo sabía? ¿Qué tan grave es?- - Muy grave, nos embargaran las cuentas, las propiedades y yo iré a la cárcel- - ¡Dios mío! Eso no puede pasar, no puedes ir a la cárcel si no eres culpable de nada, debemos buscar a Stephan- - Lo estamos haciendo, pero mientras el aparece, me llevaran a prisión, por eso quise estar aquí, para hablar contigo, me encantaría decir que cuentas con mi apoyo, y créeme que me duele mucho dejarte en esta situación, yo le hice una promesa a tu padre hace unos días y me pesa mucho no poder cumplirla- - ¿Qué le prometiste? - Que si algún día le pasaba algo, yo velaría por su familia, pero temo que no podre estar ahí para ayudarte, lo siento mucho Louise, de verdad – Nos abrazamos y lloramos un momento, no entendía por que nos estaba pasando todo esto, si era una pesadilla ya era el momento de despertar. - Ahora- tomo la palabra Rafael- tenemos que ir a tu casa, todo lo que Bruno tenia será embargado, hasta que todo esto se aclare, pero siendo sincero contigo, eso puede llevar tiempo, mañana será el embargo me informo hoy el juez, tenemos que ir a tu casa a recoger tus cosas y las de tu hermano y lo más que puedas de valor, las cuentas han sido congeladas desde hoy, tanto las de la empresa como las personales, te llevare a casa, podrás quedarte con nosotros mientras todo se arregla- - ¿Quieres decir que perdí mi casa?- - Si, lo siento- Me sentí perdida, primero mis papás, ahora lo poco que tenia de ellos, fuimos a casa, Rafael me recomendó coger solo lo más importante, como documentos, cosas personales de Carlos y mías, y lo que hubiera de valor que pudiera llevarme, así que eso hice, mientras él se encargaba de buscar los documentos yo fui por nuestras cosas personales, después de llenar un par de maletas con lo más indispensable, fui a la recamara de mis padres, entrar ahí me causo un gran dolor, estaba llena de ellos y a la vez tan vacía, busque las fotos que mamá tenía en un cajón, encontré muchas fotos y documentos que no sabía que eran pero igual me los lleve, sus joyas, su perfume favorito, una pashmina que le gustaba mucho y en automático lo puse alrededor de mi cuello, tenía su olor, me habría gustado llevarme todo pero no fue posible, de papá me lleve sus relojes favoritos, algún día serian para Carlos, una chamarra que amaba, era de piel tipo motorista, decía que era para cuando tuviera una moto, la cual mi madre nunca le dejo tener - ¿estas lista?- pregunto Rafael desde el umbral de la puerta - Si, solo me despedía- Dije con lágrimas en los ojos - Bien, tenemos que irnos, antes me gustaría saber si puedes abrir la caja fuerte de tu padre- - Sí, claro, me enseño la contraseña hace poco- bajamos con la maleta de lo que había cogido de la habitación de mis padres y fui al despacho a abrir la caja fuerte, lo que encontramos nos confundió un poco, había dinero dentro, siempre tenía una reserva de efectivo por cualquier cosa, pero la cantidad que había en ese momento era como tres veces más de lo que acostumbraba, Rafael me sugirió que lo tomara, según dijo debían ser unos $ 500 mil, tome el dinero metiéndolo a unos sobres amarillos que Rafael me ofreció y al hacerlo una nota cayó al piso, Rafael la levanto leyendo a quien estaba dirigida - Es para ti- la tome y vi mi nombre en el sobre con la perfecta caligrafía de mi padre - Es letra de papá, creo que la leeré más tarde, vayámonos ya- de momento me dieron unas fuertes ganas de salir de allí - Claro, solo tomare los documentos que están dentro y nos vamos- yo eche una última ojeada al lugar, algo me decía en mi interior, que sería la última vez que estaría en esa casa, así que me despedí de todo, de mis recuerdos, de los momentos más felices de mi vida, de esa vida tan perfecta que alguna vez tuve y que ya no tendría más, de momento solo quise irme de allí y regresar donde mi hermano, esperando el momento en el que él por fin despertara.
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