07. Caos.

2288 Words
Blake. Si antes le temía, ahora estoy muerta de miedo. Durante toda la velada, Austin tuvo que responder preguntas acerca de quién era yo, de cuánto tiempo estábamos juntos y cosas así. Cuestión de que cada que nos deteníamos a conversar con alguien pasaban dos cosas, una que no teníamos tiempo para prepararnos para la charla con su madre y otra que nos metíamos en más y más mentiras. Apenas y puedo recordar todas las cosas que dijimos para pretender que somos una pareja real, incluso él a veces tiende a confundirse lo que me deja saber que este trabajo será todavía más difícil si apenas y puede recordar lo que dice minutos antes. Con la cabeza revuelta y con un claro arrepentimiento por haberme metido en esto, la fiesta finalmente termina después de las fotografías, dejando solo a la familia quienes se mueven a la casa en sus coches. Soy capaz de respirar solo cuando nos encontramos a solas en el coche de Austin, al igual que él. —Dije más mentiras en una noche que en toda mi puta vida—se lamenta—. ¿Por qué se me ocurrió esto? —Querías que ella regresara, ¿no es cierto? —Y no creo que lo haga ahora que pasamos de comprometernos a convivir juntos. ¿Por qué se te ocurrió esa mentira? —¿Me lo dices a mí? El hombre que mintió que trabajo como bailarina e incluso los invitaste a uno de mis shows. —¿Y qué no bailas? Dijiste que tenías entrenamiento. Ruedo los ojos. —Eso pasa porque te preocupaste solo porque yo cubriera tu vida y no te interesaste en la mía—lo reto—. Soy gimnasta en telas. No bailo, bueno… no mucho. No es lo mismo. Sacude la cabeza. —Como quieras. Cúlpame si te hace sentir mejor, pero todo comenzó porque tú faltaste al plan desde el principio. —¿Disculpa? Mi actuación fue magistral. —Sí. Ahora resulta que estoy comprometido con una quinceañera por tu forma de vestir y además, una fanática del romance. No actuaste como una mujer seria sino como una adolescente. —Lamento si te hice ver como alguien que tiene corazón—digo, ganándome una mirada de su parte—. Mira, quizás debimos ponernos de acuerdo con la historia antes de presentarnos a toda tu familia y círculo, ¿no te parece? Me lanzaste a los lobos y yo improvisé. —Me encanta la facilidad que tienen las mujeres para culparnos de absolutamente todo lo que ocurre. Eres increíble. —Gracias. —No era un cumplido—arremete—. Ahora, ¿qué le diremos a mi madre sobre lo de vivir juntos? Es lo que más va a preocuparle. —Creo que se enfocará más en lo del compromiso. No parecía muy a gusto. Se lamenta, sacudiendo la cabeza. —No lo repitas. No quiero tener que explicarle que lo que sucede entre nosotros es solo una farsa para volver con Layla porque además de ser un movimiento inmaduro me hará ver como un completo idiota. —Lamento decirlo, pero sí eres un idiota. ¿Por qué no le propusiste matrimonio a esa chica? Parecía agradable y algo molesta también al vernos juntos. —Bueno, supongo que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Ahora, es la única solución que encontré para ver si regresa. —Claro, porque ya intentaste pedírselo como lo haría una persona normal. De inmediato voltea a verme. —¿Tengo que recordarte que te estoy pagando por esto, Blake? Es serio, tómalo como tal. Suelto un largo suspiro. —Lo siento, pero nadie me pidió fingir un compromiso antes de la forma en que tú lo hiciste. Esto es nuevo para mí también. —Bien. Entonces, iremos a casa de mi madre, diremos lo que ya repetimos toda la noche y esperaremos a que lo acepte, supongo. Parece tan molesto que a fin de cuentas, ni siquiera me atrevo a discutir con él. Está tan enfocado en que todo salga como quiere, que de seguro no va a tomar ninguno de mis consejos así que no tengo más opción que seguirle el juego esperando a que sea capaz de mantener la mentira como tanto ha deseado. Durante el camino me mantengo mirando por la ventanilla. No es como si tuviera ganas de hablar con él o siquiera mantener una conversación porque ya dejó en claro que no quiere nada de eso, solo espera que cumpla con mi trabajo, que es lo que haré. Manteniendo en mente que esto es por trabajo solamente, me quedo en silencio y neutral mientras en mi mente intento recordar todas las mentiras que dijimos desde el primer momento. En mi dedo, el anillo de compromiso reluce y resplandece, lo que me lleva a recordar la mirada de esa mujer. Se notó a leguas que no estaba a gusto conmigo, pero después de ver el anillo de compromiso pude ver que algo se rompió dentro de esa mujer. Quizás la falta de compromiso de Austin era tan grande que llegó a ser desconcertante que en solo dos meses me propusiera matrimonio, aunque sea ficticio. Estoy tan concentrada en esa mujer, que ni siquiera noto cuando Austin aparca el coche frente a una enorme mansión, y cuando digo enorme, me refiero a esas casa de tres plantas, completamente blancas, que aparecen en revistas de diseñadores de interiores como la casa ejemplar. El tamaño de esto es amenazador. De repente me siento pequeña y fuera de lugar, lo que me provoca un miedo interno que no había sentido hasta ahora. ¿Y si esa mujer ya se dió cuenta de nuestra treta y esta invitación es solo para dejarnos en ridículo frente a los demás? Carajo, me tiemblan las piernas. —Llegamos—anuncia el hombre a mi lado, bajando del coche. Es tan caballeroso que incluso abre la puerta para mí, ayudándome a salir. Un gesto que no dejo pasar desapercibido aunque para él signifique menos que nada. Lo que sí me sorprende es que entrelace nuestros dedos, sosteniéndome con fuerza para evitar que me aleje. —Mantén la calma. Dejemos que hable primero—dice, mirándome a la cara—. Lo digo para que no nos equivoquemos. Inhalo profundo, asintiendo. Conoce a su madre mejor que nadie así que no pienso discutir sobre esto. —Perfecto. Eso haremos. Con un plan en puerta, Austin me guía por la entrada de su enorme casa y la verdad es que tengo varias preguntas, comenzando por cómo fue vivir con tantos metros cuadrados porque a pesar de venir de una buena familia, me crié en una casa modesta con solo tres habitaciones y un baño para compartir con todos mis parientes, residentes e invitados. Sin dejar pasar ningún detalle de la casa, sigo al hombre que me guía hasta la puerta. Una vez que golpeamos, una mujer abre, supongo que es la ama de llaves. —Joven Austin—saluda sonriendo, para luego voltear a verme—. Señorita. —Hola, Martha. ¿Mi madre? La señora frunce la boca, lo que supongo que no es una buena señal. —Su madre los está esperando en el salón principal. Todos están ahí. Él asiente y aunque no le responde, le da una mueca que se puede tomar de muchas maneras. Mis tacones resuenan por todo lo alto en el mármol brillante y reluciente del suelo. Es como si caminara en medio de nubes por la forma tan blanca de la casa, con adornos en dorado, que hacen que el espacio de por sí grande, luzca enorme. Y entonces los veo. Su madre, su hermano y prometida, y también esa mujer junto a su hombre, todos sentados con sus ojos sobre nosotros. Sobre todo en nuestras manos entrelazadas. —Hijo, tomen asiento, por favor—nos invita su madre. Austin nos lleva hasta un sofá donde cabemos los dos, cosa que agradezco porque no me veo en esta habitación siendo interrogada, completamente sola—. ¿Desean algo de beber? Sacudo la cabeza cuando Austin me mira a la espera de una respuesta. —No, gracias, estamos bien—responde entonces. Su madre deja salir un largo suspiro. —Bueno… no los haré perder más el tiempo así que iré al grano. ¿Qué está pasando aquí? Presiono la mano de Austin sintiendo el temblor comenzar. Para que nadie lo note, dejo que sea él quien le explique a su madre lo que está sucediendo, más que nada porque no quiero seguir metiendo la pata. —¿Podemos tener esta conversación a solas? ¿Como una familia? Su madre se encoge de hombros. —Aquí todos somos familia—menciona. —Pues no quiero sonar grosero… —Entonces no lo seas y solo responde lo que te pregunté. Como quieran, pero respondan que la verdad es que todavía no he podido digerir el hecho de que mi hijo mayor le haya propuesto matrimonio a una mujer a la que no conozco de absolutamente nada. Su tono firme y seguro, así como acusatorio, es lo que me mantiene en silencio. De haber sido mi madre, estoy segura de que ya habría soltado todo lo que tengo para decir, sin embargo es Austin quien tiene la última palabra porque como ya dijo, es quien me paga. —Hermano, lo que mamá quiere decir es que es… una sorpresa todo esto—interrumpe Miles, intentando suavizar la situación—. Hasta hace unos días nos decías que el matrimonio no estaba en tus planes y ahora… llevas un mes comprometido con… —Blake—susurro. —Blake. Austin suelta un suspiro, encogiéndose de hombros al mismo tiempo. —¿Qué puedo decir? Kiera tenía razón, cuando conoces a esa persona especial, lo sabes. No quieres seguir perdiendo el tiempo. Su madre analiza sus expresiones así como estoy segura de que lo hace con las mías porque está atenta a todo. —¿Y por qué tuvimos que enterarnos junto a los demás presentes?—pregunta entonces—. Blake, lamento que esta sea la forma de presentarnos, pero espero que entiendas que somos una familia muy unida y como tal, nos tomó a todos de sorpresa el saber que Austin finalmente encontró a una mujer para proponerle matrimonio. Me tiembla la boca antes de responder. —Señora Deveraux, no se preocupe, comprendo que es una situación extraña, pero quiero que sepa que no tengo malas intenciones con él. Nuestra relación… fue fugaz—digo sonriendo—. Pasamos demasiadas cosas en poco tiempo y de verdad creemos que es momento de pasar al siguiente nivel. Entonces alguien carraspea, y no es nada más ni nada menos que la ex de Austin. —Creí que el paso siguiente a un noviazgo es la convivencia, pero dado que también hicieron eso, supongo que van por el camino correcto. —¿También viven juntos?—pregunta su madre, sorprendida—. Esto es… una sorpresa tras otra. Austin se encoge de hombros. —Te dije que estoy realmente comprometido, mamá. Blake es… una mujer impresionante. No puedo estar lejos suyo y dado que soy un adulto, no pensé que tuviera que pedir permiso para vivir con alguien. Ella sacude la cabeza. —No es eso, sabes que jamás te he pedido explicaciones sobre lo que haces, pero… tienes que entender que esto es… —Sorpresivo, lo sé, y ya te he dado explicaciones. A todos, en realidad, y aunque no parecen felices por mi decisión, la verdad es que me tiene sin cuidado la falta de apoyo que ronda por aquí—menciona, poniéndose de pie y elevándome con él—. Miren, los amo como mi familia, pero saben bien que no soy de dar explicaciones. Si quieren aceptar que voy a casarme, está bien, y si no, lamento que no vayan a estar presentes. Blake, nos vamos. Su firmeza al hablar y la forma en que se enfrenta a su familia no dejan opción para mí más que el seguirlo. De forma amable me despido de su madre y hermano, así como de su mujer, pero solo saludo con la mano a la tal Layla antes de entrelazar los dedos con Austin y salir de la casa. Solo cuando el aire frío me da en el rostro siento que puedo respirar con tranquilidad. Estoy tan nerviosa y temblorosa que incluso siento que tengo frío calándome los huesos, sin embargo solo me concentro en respirar cuando estoy en el asiento del copiloto, abrochándome el cinturón. Una vez que Austin ingresa, toma el volante con fuerzas, respirando profundo. —¿Lo hicimos bien?—me atrevo a preguntar. Él asiente. —Creo que sí. Mi madre sabe que detesto ser el tipo de hombre que tiene que dar explicaciones así que ahora depende solo de ella. —¿El qué? —El aceptarlo o no. —¿No te sientes mal de tener que mentirle a todos solo para recuperar a una mujer? Clava su mirada en mí. —¿Y tú? Porque te recuerdo que no estoy mintiendo solo. Me encojo de hombros. —Pues no es mi familia. —Mentir es mentir. Y te recuerdo que no lo haces a gratis. Ruedo los ojos. —Bien, perfecto. De seguro será un mes emocionante contigo recordándome a cada nada que me vendí por un par de dólares. Él sonríe, sacudiendo la cabeza. —Pues te recuerdo también que no son solo un par de dólares, son miles. —Bien, dejemos el tema por la paz. ¿Ahora qué? Inhala profundo, manteniendo la calma. —Ahora esperamos que el caos se desate.
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