Veinte años antes No hallaba rostros conocidos, por más que buscara entre las personas que caminaban de un lado a otro, sin hablar, ni mirarle, estaban uniformados, pero la ropa se veía desgastada y sucia. Algunos llevaban cubierta a boca, la mayoría con armamento en sus brazos o colgando de su hombro. El temor la embargaba todo el tiempo y sentía la presión de lo desconocido, mortificarle el alma. Se ubicó en la carpa que le señalaron, junto a una fogata. La tarde se aproximaba y la oscuridad comenzaba a llegar, su cuerpo reclamaba descanso y la niña lloriqueaba un poco. Nadie habló con ella, ninguno se acercó y agradecía por eso, tal vez solo la retendrían un par de días mientras su esposo se hacía cargo del pago que solicitaran. Aunque algo, en el fondo de su consciencia, le decía q

