Dos horas mas tarde, Carmenza permanecía en la oficina de don Julio Arango, mientras escuchaba sobre el respeto y las condiciones laborales adecuadas para todos. Domingo era quien hablaba con ella, su padrino quiso hacerse a un lado y dejarle manejar la situación. Casi siempre lo hacía, pero oír tan de cerca a Rocío esparcir su veneno con Magdalena, es algo que no pudo controlar. Nora y Magdalena permanecían en la sala de la casa, fingían limpiar todo para estar al tanto de Carmenza. Rocío y José se retiraron a la casa por solicitud de don Julio y este, esperaba paciente en el jardín junto a los girasoles, que por estos días se mantenían vivos y coloridos. Allí, sentado a la espera, su mente divagó sobre las posibilidades acerca del lazo de sangre con la joven. La esperanza era algo que

