La propuesta de Sol me tuvo mentalmente inquieto todo lo que llevó el back para las fotos, el equipo de producción de imagen de Aucapan, me tomó medidas, me vistió y maquilló para la sesión, el desnudo fue a lo último y sin tener mucho prejuicio por eso, me dejé fotografiar por un profesional.
Coki era amable y ayudaba mucho a distender la tensión que había con la jefa, distrayéndola de su mirada fija en mí, favoreciéndome en no mantener una erección con indicios de explotar, incluso cuando presenció todo el desnudo y el aire escaseó en el ambiente.
Ella no parecía afectada por haber propuesto tener sexo, y yo quería fingir que no lo estaba tampoco, pero mirarla apenas de soslayo me provocaba una ansiedad perjudicial, imaginar su hermosa boca por ciertas partes de mi cuerpo, en conjunto de sus finas manos recorrerme como yo deseaba hacer por el suyo aumentaba mi expectativa al máximo, al punto de considerarme un desesperado, cual adolescente, por concretar tal encuentro.
No fue fácil bajar la erección cuando la sesión terminó y me sentí frustrado de no poder calmarme con agua y pensamientos diversos para relajarme, por eso tardé en cambiarme en el baño y cuando finalmente salí decidido a encararla y preguntarle cuándo podía verla en privado, Fausto regresó y no sirvió de nada que el equipo de fotografía se fuera, él intervino de todos modos.
—Bauti como me dijiste que vivías solo, pensaba que quizá te va a convenir mejor quedarte acá, el alojamiento corre por cuenta nuestra.—sugirió él y fruncí el ceño sin comprender lo que refería “quedarte acá”.
— ¿Cómo acá?
—La mitad del edificio es de Aucapan, en muchos de los pisos viven los chicos que trabajan con nosotros, los departamentos son de cuatro a cinco personas y la convivencia es buena. —me explicó ella y quise saber más de la firma “Bogg’rres”, porque había muchísima plata en el medio y entender cómo llegó a ser la jefa de una de las categorías que ofrecían, me resultó curioso. —Los chicos son todos re buena onda, te los iba a presentar hoy si llegábamos a terminar, quizá quieras dejar de pagar un alquiler y venir acá.
—Ah, eh… no lo había pensando.
—Cada uno tiene su cuarto con camarines, son amplios y cómodos, si lo querés pensar sería buena idea.
—Es bueno que convivas con tus compañeros, tienen tu misma onda y viven de joda, además se entienden entre sí. —acotó Fausto y yo pensé en esa posibilidad.
Me gustaba vivir solo, me gustaba tener el control de mi propia casa y andar desnudo si quería, acostarme a la hora que se me ocurriera y escuchar música a todo lo que daba el volumen, desprenderme de eso no me bastaba con equipararse a comprender la situación de personas con mi mismo oficio.
—Lo voy a pensar pero estoy bien por ahora, gracias.
—Vas a pasar mucho tiempo acá, tu camarín lo podés usar como habitación algún día.
— ¿Tengo camarín? —pregunté incrédulo y ella asintió rodeando la mesa y caminó con sus tacos hacia mí, me ofreció la mano con sutileza.
—Vení, te voy a mostrar todo ahora… Fau enseguida volvemos y seguimos.
—Dale Solcito.
—Vení. —me agarró firme cuando la acepté y la seguí sin adular, su mano suave y delicada me llevó fuera de la oficina y del piso, para adentrarme al ascensor donde estuvimos solos cuando cerró la puerta para volver a crear la tensión familiar que comenzábamos a establecer. Ella se apoyó en el lateral y contrario a alejarme, quedé de frente a su cuerpo y el espejo que nos delataba. —cuando volvamos, vamos a profundizar en tu perfil, me quedé corta con tu hobby de fotografía, me imagino que tendrás más.
—Sí, puede ser.
—Quiero saberlos.
— ¿Tanto cómo mis capacidades? —pregunté lleno de valor y me animé a dejar caer mis manos al barrote donde estaba apoyada, a cada lado de su cuerpo. Sonrió elocuente viendo el encierro que le proporcionaba entre la pared y mi pecho y no presionó ningún botón para hacer andar el ascensor, lo cual me alivió que la jugada haya sido correspondida.
—Acá no las voy a apreciar, y no porque dude de tus habilidades sino porque hay cámaras y no creo que quieras esa exposición.
— Espero seas consciente de la ayuda que me querés dar.
—Lo soy, ¿cómo puedo ofrecerle lo mejor a mis clientes si no sé cuán bueno es el servicio? —redobló con falsa profesionalidad y levantó su mano para llegar a mi mejilla con sus uñas, acercándome del mentón un poco más a ella y causando escalofríos que subieron desde mi columna a mi nuca, repercutiendo en mi bajo vientre. —me gusta que mantengas así la barba, no la dejes crecer mucho más.
— ¿Catás a todos tus empleados o sólo a los que le adelantas sesiones a tu fotógrafo?
—Sólo a los que puedo comprobar por mí misma que me van a hacer ganar mucho.
Su ambición mezclada con perversidad me calentaba tanto la sangre que era imposible de retener la sonrisa, a pesar que quise reprimirla mordiéndome el labio ligeramente.
—Deberías asegurarte que te van a hacer ganar mucho.
—Sí y lo voy a hacer… esta noche. —musitó tocándome suavemente con sus dedos la parte de mi labio que acababa de morder y apenas le sacó la vista de encima para mirarme a los ojos, intranquilizando a mi corazón que comenzó a palpitar ávido en mi pecho. — ¿Querés?
—Sí.
— ¿Estoy siendo muy positiva o no tenés planeado decepcionarme?
—Puedo darte un adelanto si gustas. —me acerqué confiado un poco más a su boca y fue turno de morderse el labio cuando mi cuerpo se presionó con el suyo, estableciendo un contacto que de por sí me electrizaba y embriagaba al sentir su dulce perfume. Con seguridad puse mi mano en su cintura y toqué su piel haciéndole sentir lo que me provocaba su persona. —Vos me dirás.
—Sí.
No tuve que pedir demasiado, ella exigió mi boca y me tenté a besarla, pero antes de intentarlo o poder rozarla, agarró con sus dientes mi labio inferior y me apreté un poco más queriendo que sintiera en sus muslos mi erección prominente, sin importar que ambos llevábamos jeans. Sol emitió un gemido gutural para mi y yo me derretí deseando más fricción, por lo que apreté la piel de su cintura y volví a moverme ganándome un mordisco exquisito de su parte.
Sus ojos expresaban el mismo deseo que los míos y por un segundo quise olvidarme que las cámaras estaban encendidas, pero ella me puso los dedos en la boca cuando quise acercarme a besarla y lo acepté, me tuve que quedar con las ganas, sonrió jugando conmigo por lo que le di un beso a sus dedos y me aparté dejándola libre, para apoyarme en la pared de enfrente y relajar mi tensión en un respiro hondo.
— ¿Ya? —preguntó después de un minuto y asentí controlando mi erección, la segunda que me hacía tener en el día. Apretó el botón y el ascensor se movió hacia abajo. —vivo en el pent-house del último, te espero a las diez.
Asentí de nuevo incapaz de poder hablar y llegamos al piso nueve, donde la puerta se abrió y bajamos a un corredor con diferentes entradas. Me guió hasta el cuarto departamento y tocó el timbre para esperar a que atendieran.
—Solcito. —saludó un chico abriendo la puerta, era alto, delgado y de pelo corto muy teñido de amarrillo, notable modelo, un empleado más. —Hola.
—Gaby, él es Bautista, va a usar el camarín que está libre y lo queremos pasar a ver ¿están los chicos?
—Hola, bienvenido.
—Hola, gracias. —acepté su mano y nos dejó pasar al interior del amplio departamento. Lujoso como todo el edificio, quizá un poco desordenado pero nada que fuera anormal en casa de modelos.
—Joni duerme y Tania está de presencia, vuelve mañana.
—Bueno, mirá Bau.—me indicó Sol arrastrándome del brazo hacia una puerta que abrió para mí en algún lugar de la sala principal. —este camarín lo vas a usar vos para prepararte antes de irte a algún evento o lo que sea, lo ideal es que los pasen a buscar por acá así que este lugar es tuyo para que te acomodes como quieras.
— ¿Vas a venir a vivir?
—No creo, por el momento lo voy a usar para lo que ella dice. —le dije al chico mirando el cuarto donde solo había un sector hecho bajo parquet, con sillones y una mesa de maquillaje, lo demás estaba vacío y entraba una cama, el armario iba incrustado en la pared y era espaciosos para otro tipo de cosas. — ¿hace cuánto estás vos acá?
—Dos años que me mudé, y serán… cuatro desde que empecé con ellos, todavía no me comprometí pero tengo uno fijo.
—A veces los clientes piden exclusividad, y si ustedes quieren, se la conceden. —me explicó Sol. —Gaby encajó perfecto con un hombre de negocios, se llevan bien ¿no?
—Sí, creo que está enamorado pero todavía estoy analizando si irme con él o no, la verdad es que la pasamos re bien con los chicos y no tengo ganas de meterme en una relación, me sacaría todo esto y estoy bien por el momento.
—Está bien hacerse rogar un poquito Gaby, no le des todo tan fácil… seguí así. —lo alentó ella y dado que tenía su mano apoyada en mi brazo, me acarició ligeramente en el recorrido que hizo hasta agarrarme de vuelta de la mano, siendo muy peligrosa al lograr el efecto deseado con un escalofrío en mi nuca. —bueno era para mostrarle a Bauti su nuevo lugar, en cualquier momento tienen nuevo compañerito.
—Buenísimo, acá esperamos por vos Bauti. —me guiñó el ojo y sonreí asintiendo en saludo, salí con ella y de nuevo volvimos al ascensor. No pude evitar prestar atención al agarre de su fina mano con la mía que encajaban perfectamente bien, no veía indicios que le diera el mismo interés, pero a mí me gustó cómo se sentía hasta que me soltó dentro.
—En el mismo edificio tenés gimnasio, una piscina, servicios de spa, playroom, lo que quieras podés usarlo todo.
— ¿Por qué vivís en el mismo lugar que tus empleados?
—Tengo la oficina acá y me resulta más cómodo, además no solamente soy su jefa, con los chicos de mi categoría nos hicimos amigos y la pasamos bien, de vez en cuando los fines de semanas organizamos fiestas y vivimos en el eterno viaje de egresados.
— ¿Y vos sos la dueña de todo esto? —pregunté y no retuvo el ascensor, lo hizo subir. Cruzándose de brazos y enalteciendo más sus pechos firmes, me miró y sonrió cuando se dio cuenta que mi vista descendió por unos segundos, pero no hizo nada para revertir su postura.
—En parte, historia larga que no viene al caso, enfoquémonos en vos… ¿Qué haces en tus tiempos libres cuando no sacas fotos?
—Leo, ficción principalmente.
—A las viejas les encantan los chicos cultos, no te recomiendo ser tan interesante.
— ¿Entonces tengo que mentir?
—Creí que un poquito la iba a tener que exagerar, pero lo dudo a cada segundo que te conozco un poco más. —dijo dándome una mirada de aprobación y salió del ascensor con la mirada en alto, la espalda recta y unos aires de grandeza que le quedaban perfectos, me hacía sonreír y siguiéndola, me tenté a mirarle apenas un poco el culo firme y fue como arte para mis ojos.
Cortaba cualquier tipo de intención que Fausto estuviese metido en el medio, contándome un poco más del trabajo, los clientes y cualquier duda que se me ocurriera, dejándola a Sol con escasa necesidad de dirigirme la palabra, lo que podía ser bueno porque mientras ella trabajaba en la computadora, frente a mí, yo miraba a mi lado a Fausto, ya que una sola conexión de miradas y era un infierno para mi entrepierna, mi mente fabulaba con lo que podía pasar a la noche y contenerme se volvía una pesadilla.
“Bog’rres” era nombre de la asociación de Servicios de Compañía que incluía dos categorías, Ruca Ñire y Aucapan, donde los clientes afiliados tenían noción del catalogo de empleados disponibles como si fuese una red social para conseguir pareja, en la primera, siendo la categoría más alta, el sexo estaba habilitado en todos salvo excepciones, y en la última, a la cual yo pertenecía en principio, el sistema era inverso, lo primordial eran los servicios presenciales y a en algunos, a decisión del acompañante, se habilitaba el sexo.
Con las fotos que me sacaron los profesionales, ella armó mi perfil y se encargó de prometer mucho de mi persona, ya que destacó mis pasiones, habilidades, talentos y todo tipo de información que conllevaba ser yo. Me dijo que no me iba a autorizar aún porque necesitaba tener mis estudios médicos, y diciendo que quería corroborar una cosita más, me dejó ir habiéndome mirado antes a los ojos para asentir levemente, haciéndome entender qué era lo que tenía que ratificar.
Lo primero que hice cuando llegué a mi casa, después de toda la mañana con tensiones dolorosas, fue entrar a bañarme y sacarme la pesadez del círculo en Aucapan, por supuesto que pensé en ella y alivié la sensación dolorosa que me provocaba, ansiando que llegara la noche para no dejar parte alguna de su cuerpo sin probar.
—Me quedo a cenar, Carla sale tarde de nuevo.
—No voy a cenar acá, me voy. —le dije a Pedro sin dejar de mirar la carrera a la que nos estábamos enfrentando en la play.
— ¿Dónde vas?
—Tengo un compromiso con la empresa, algo protocolar.
—Ah, qué bueno, ¿ya te estás adaptando más o menos?
—Todavía no empecé a trabajar, estoy con trámites, mañana me voy a ir a hacer los estudios médicos y habilitar en el banco, así ellos me pueden depositar, una cosita más y estoy dado de alta. —le conté acelerando el último tramo del auto para ganarle la carrera. —seguí participando, amigo.
—Se nota que es un trabajo normal, digo… si te mandan a hacer estudios con la importancia que tiene acostarte con diferentes mujeres, me parece bien.
—Siempre fue un trabajo normal, puede causar impacto al entenderse la primera vez, a mí me lo causó, pero está muy bueno.
—Me imagino que cualquiera aceptaría con el sueldo que vas a tener y encima, por sexo, ¿preguntaste si aceptan gorditos simpáticos?
—No, me olvidé. —me reí levantándome para buscar agua en la heladera. —no quiero cantar victoria sin tener el primer cliente, pero así sea una señora pasa de uva, le hago lo que sea por ese precio.
—Qué desagradable. —lo pensó y yo me reí por su expresión. Vi la hora y eran las nueve, tenía poco tiempo para prepararme e irme, así que lo dejé en la sala para entrar a mi cuarto y ver qué ropa ponerme.
Como modelo, estar bien vestido era primordial, cada uno llevaba el estilo que quería pero había una imagen que mantener, por eso en lo personal, era muy fan de la ropa y las zapatillas, tenía un armario que ocupaba toda la pared con ropa que me regalaban en las campañas y me compraba por gusto. Estar cómodo era importante y por eso me puse un pantalón n***o con roturas en las rodillas y una remera blanca lisa, lo más clásico posible para no profundizar en el interés superficial.
— ¿Y qué onda con la jefa, la viste?
—Sí, pero no me va a dar bola ni loca, la tenías que ver hoy, estaba hermosa.
—Podrías sacarle una foto, o pedirle su i********: así la sigo. —tosió cuando yo me bañé en perfume en cuanto salí listo del baño y el cambio de ropa previamente analizado. —Ya entiendo por qué no cenas acá.
—Exacto, sí quizá se lo pida, Sol Torres D’Altrui se llama, buscala.
— ¿La que es mujer de ese viejo multimillonario? —preguntó y yo me detuve a mirarlo confundido. Sacó su celular y buscó información. —Si es la mujer de éste de apellido ruso, definitivamente no tenés oportunidad de nada.
—A ver.
Me pasó el celular cuando el teléfono cargó y vi el nombre de Marcos Bogdánov. Cuarenta y tres años, y una cantidad inmensurable de áreas en las que se destacaba. Google lo tenía como empresario y con una larga lista de propiedades, Bog’rres era una de ellas y entré para leer la biografía que se le adjudicaba a su esposa-socia.
Sol Venecia Torres D’Altrui, empresaria y modelo argentina. Hija del empresario Paolo Torres y la magnate italiana, Feliciana D’Altrui. Esposa y socia de Marcos Bogdánov. Co-fundadora de Bog’rres. Fecha de nacimiento: 5 de octubre de 1993. 25 años.