18.

3987 Words

A pesar de los pedidos de prolijidad que pretendía el último servicio, a la señora de cuarenta y seis años, embajadora de un país extranjero, en el nuestro, no le molestó verme con la barba un poco crecida cuando nos encontramos en la cita previa al almuerzo para el que me contrató. Desde que estaba en Ruca Ñire, me exigían estar a cara lavada, pero el comienzo de una barba creciendo, no le hacía mal a nadie y mucho menos si mi clienta con más importancia, así lo requería. Romper las reglas volvía a tener un gusto dulce para mí, porque durante el tiempo que Sol ya no intervenía de manera directa sobre mi trabajo, muchas veces evadía el sexo con las clientas por decisión propia y se me perdonaba por ser un codiciado, además, yo era un excelente mentiroso a la hora de crear mi justificación

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