Las puertas del ascensor se abrieron e inspiré hondo para bajar y entrar al piso de la oficina de Aucapan, caminé tranquilo con la seguridad que había hecho mi trabajo muy bien, y no me refería al servicio, Sol no tuvo manera de enterarse que no respeté una de sus condiciones y en mi cabeza no podía dejar de repetir touché. Besé a mi clienta sin estar habilitado como parte de mi inexperiencia en el rubro, y si llegaba a descubrirlo, más que una cara enojada no iba a conseguir, las cuales me gustaban tanto como cuando me expresaba ganas de comerme. Fausto estaba sentado de frente al ventanal y a ella, como siempre, se veía hermosa en un vestido rojo al cuerpo y los labios haciendo juego, concentrada con sus ojos en la computadora. Él fue el primero en reaccionar. —Nuestra nueva joyita lle

