La ciudad siempre fue mi incertidumbre más grande, cuando tenía dieciocho años y mi sueño de llegar al centro se concretó, no tomé consciencia de lo que hice cuando estuve instalado y tuve que salir a trabajar, enfrentar la vorágine que irradiaban la gente con rumbo definido, los ciudadanos el tráfico, la imponencia de los edificios altos y el barullo que no te dejaba respirar ni un segundo. Al fin y al cabo era lo que yo necesitaba, despejar mi mente para no pensar que mi vida debía comenzar sin tener la seguridad que al levantar el teléfono, mi mamá me iba a atender para decirme lo mucho que me amaba y que todo iba a estar bien. Comparé esa sensación de hacía ocho años atrás, con la de mi actualidad, porque cuando entré a mi casa y me encontré conmigo mismo, la incertidumbre de la ines

