Pasé una semana encerrado en mi departamento lamentándome por lo que había perdido, me dolía tanto no tener a mi hija ni a mi esposa a mi lado. Cuando me enteré que estaba legalmente divorciado me quise morir, si no fuese por la tía Selma que llegó y me dio ánimos, en este momento estaría muerto. La tía limpió el depar que parecía ratonera, palabras de ella no mías. Seguido me exigió que me bañe y me cambie de ropa, luego me preparó una sopa la cual me cayó muy bien. Horas después llegó Sofi y se quedó todo el fin de semana conmigo, lunes por la mañana la llevé a su primer día de escuela. Si hubiera sabido que Erika iba a estar ahí, me hubiera al menos peinado, pero no, el señor se tiró al abandono y le importaba un culo la vida. Pero al medio día, cuando pasé por ella ya estaba bien

