Cris Rúales se encontraba junto a su hijo en un parque cercano a la oficina, cuando su pequeño de casi tres años rodó por la resbaladera, seguido lo tomó en sus brazos y lo elevó en lo mas alto, al mismo tiempo dio una vuelta con el niño en brazos, de pronto, su mirada deparó en la joven que acababa de detenerse, a solo unos metros de él. Luisa pasó gruesa saliva, su corazón palpitó con fuerzas y su cuerpo entero empezó a temblar, habían pasado casi cuatro años desde que no lo veía, y encontrarlo en ese momento solo le confirmó que no había podido sacarlo de su corazón. Soltando un suspiro dio un paso al frente y cuando menos se lo esperó ya estaba muy cerca de él. —¡Hola!—, dijo al saludarlo con un beso en la mejilla. Seguido tocó la mano del pequeñín y sonrió —¿Es tu hijo? —Si—, dijo

