Mi esposo muchas veces creía que necesitaba ayuda psicológica, que mis arranques de celos o mis locuras de pasión superaban sus límites de paciencia, y la verdad es que al final de todo, él lo disfrutaba cuando se daba por vencido de que no podía detenerme. —Cariños, ¿qué son estas cadenas? —me preguntó extrañado. —Tranquilo, no es para ti, es para la vecina. —¿Vecina? Si estás hablando de María no estoy comprendiendo, ella no te agrada. —Por lo mismo.... —¿Qué le harás? —Lo que se merece. Intentó separarnos porque no podía controlar sus manos. —Amor, no crees que estás exagerando. —No. Y no intentes defenderla al menos que quieras su mismo final. —No serías capaz. —En estos casos no discrimino a nadie. Solo avísame si quieres acompañarla. —Yo estoy de tu lado, y ella se lo mere

