Nataniel está sumamente preocupado y no sabe qué hacer, solo la tiene abrazada a su cuerpo mientras la chica solloza por el dolor. —¡La herida! —Se quejó Camila haciendo el intento de alejarse del pecho del hombre que la tiene presionada con fuerza. —¡Uf, duele un montón! —por favor, dame espacio para respirar.—Pidió, sin siquiera caer en cuenta de que su esposo ha dejado a un lado su silla especial. —Ahora vuelvo, voy a llamar a una enfermera para que te venga a examinar. —Ni se te ocurra hacer eso, no te necesito para nada. Yo misma lo haré desde aquí. —Lo retó con rebeldía. —Pero, es el bebé, Camila. —¿Cuál bebé? No seas idiota, me he lastimado una herida, mi hijo está bien. —Camila tomó un aparato que tiene debajo de la almohada y presionó el botón rojo, de inmediato llegó una enf

