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Para que la señora Gaviota no lo siguiera controlando con sus decisiones, Nataniel la envió a la mansión y también mandó a recoger de la escuela a la pequeña Lupita para que ambas estén custodiadas en la mansión. En algún lugar… —¡Uy, carnal! Creo que esta joyita que le llevamos a nuestro jefe le encantará mucho más que la que él nos encargó. —Le comentó un hombre malo al otro. —¿Tú crees? Yo desde ya presiento que nos va a enviar al carajo, para mí que mejor le hubiésemos traído a su objetivo. —Ya verás que no andamos mal parados, esta chica es joven y le servirá de mucha diversión a él, porque no creo que a la vieja ruca la haya querido para divertirse. —Él no nos ha querido decir cuál es el afán de que vigiláramos a la doña y en el momento adecuado se la pongamos frente a sus ojos,

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