Camila se sintió mal y se alejó de su cuñado. Este, al darse cuenta que la había ofendido corrió a ella y se disculpó. —Cuñada, ¿cómo no puedes darte cuenta que a mi hermano lo están tomando del pelo? La niña es blanca y ojos azules, ¿A quién crees tú que va a salir con esos rasgos? Nosotros somos color de canela, y su madre es un tono más oscuro todavía. —Ay no, Kervin, no es bueno que dudes de una criatura inocente como lo es esa niña. Mejor dejemos a un lado ese tema, porque en realidad a mí… a mí me duele hablar sobre ello. —Perdóname cuñada, no es mi culpa que nos hayamos encontrado aquí con esa mujer. Además, fuiste tú la que empezó a reclamar mi falta de atención hacia ellas. —Ya la escuchaste, ellos están buscando la manera de ser padres por segunda vez. —Comentó con tristeza

