La noticia había llegado a él como un golpe, haciendo que reaccionara de la manera más brusca que podría imaginar. De repente, el gruñido ronco que Adrien soltó, provocado en gran parte por su lobo, asustó a los hombres y mujeres sentados en la mesa de conferencias. A él y a su Alfa les enfureció que otros supieran del estado tan delicado en el que se encontraba Hana. Pero, en parte, lo agradecía. Las personas presentes no abrieron la boca siquiera, conscientes de la situación. Nada ni nadie detuvo al pálido al verlo ponerse de pie, recogiendo sus cosas y yéndose en menos de cinco minutos. DuPont no supo dónde había quedado Jade cuando dio un paso dentro de la mansión. Con el corazón en la garganta, estaba decidido a ir hacia Hana. Caminaba casi con desesperación, necesitando llegar más r

