Con la mente en blanco, Hana corrió hacia allí, sin tiempo para arrepentirse o acobardarse. El intruso estaba demasiado distraído como para notar al lobo blanco que se acercaba, sólo notando su presencia cuando Hana impactó contra él, mordiendo y luego retrocediendo, arrancando piel. No por ser Omega sus caninos eran menos letales. El Alfa invasor aulló con agonía, volteándose para verlo enfurecido. Esa herida ardía y dolía como el demonio, Hana lo sabía. —A ti te conozco. No debiste hacer eso, linda. —el lobo pardo daba lentos pasos hacia ella, que retrocedía por igual. Adrien, por otro lado, gruñó al verla allí, siendo intimidada. —Después de que él muera, pasarás a ser mi Omega y EmberWood me pertenecerá. Es mejor que te vayas y esperes en la habitación al nuevo líder. Terminaré con es

