Capítulo El Precio de Hablar Carlos Montessoro estaba sentado en la esquina de su litera, con la espalda apoyada contra la pared fría y las manos cruzadas sobre su abdomen. La cicatriz en su rostro, que antes le daba una apariencia temible, ahora no era más que una marca de un pasado que se desmoronaba día tras día. Había hablado. Había cantado como un pájaro enjaulado. Y aunque eso le había salvado de una sentencia peor, también lo había condenado de otra manera. Los días en la prisión especial donde lo habían resguardado no eran del todo malos. No tenía contacto con los presos que él mismo había delatado, lo que lo mantenía con vida. Pero eso no significaba que estaba a salvo. Los favores en el bajo mundo no se olvidaban. Y las deudas de sangre, mucho menos. El guardia de turno se

