Capítulo: En la Boca del Lobo La mansión de Francisco Noble era más que una casa. Era un centro de operaciones disfrazado de lujo, una fortaleza con mármol, lámparas de cristal y pasillos interminables, pero sostenida por lo esencial: hombres armados, cámaras, lealtades compradas y miedo. Todo, absolutamente todo, estaba diseñado para una sola cosa: que nadie entrara sin permiso… y que nadie saliera sin pagar el precio. Esa mañana, el aire olía a cera de muebles, a café recién hecho y a control. A ese control enfermizo que Francisco necesitaba como si fuera oxígeno. Y ahora, Álvaro Méndez y Valentino Moreno estaban a punto de cruzar esa puerta. No como policías. No como salvadores. Sino como dos hombres más del infierno. El portón principal se abrió con un zumbido mecánico. El guar

