Capítulo 5 - Infiltra2
La jefatura de policía estaba en silencio cuando Horacio Funes entró por la puerta principal. A su lado, Valentino "Valen" Moreno y Álvaro Méndez avanzaron sigilosamente. Eran hombres acostumbrados a la clandestinidad, a moverse entre las sombras, a vivir en la mentira. Pero hoy era diferente. Hoy no se trataba solo de un caso más de narcotráfico o corrupción, sino de algo mucho más personal. El caso de Paula Suárez y Francisco Noble les había tocado el corazón, pero también había dejado claro que el tiempo de las mentiras había llegado a su fin.
Horacio Funes los miró con una sonrisa disimulada, sabiendo perfectamente lo que estaba ocurriendo. Sabía que ellos, los INFILTRADOS más hábiles de su equipo, siempre trabajaban en silencio, sin dar pistas, sin hacer ruido. Pero ahora, con la situación tan compleja, sabía que lo que les esperaba sería mucho más complicado que cualquier otra misión.
—Vamos directo al grano, chicos —dijo Horacio mientras se acomodaba en la silla, sus ojos intensos mirando a ambos. Su tono era serio, pero había una chispa de preocupación detrás de sus palabras—. Tenemos que empezar a desmantelar la red de Francisco Noble. Necesitamos infiltrarnos, pero con mucho cuidado. Esto no es solo una cuestión de narcotráfico, sino de algo mucho más grande.
Valen y Álvaro asintieron al mismo tiempo, conscientes de que este caso sería más arriesgado que cualquier otro en el que hubieran trabajado. Sabían que Francisco Noble no era solo un traficante de drogas. Había algo más oscuro y peligroso bajo su fachada intachable. La vida de Paula y de su hijo Sergio estaba en juego. No podían fallar.
—Tenemos que ser muy meticulosos. Este hombre es un experto en manipular a la gente, y su poder no se limita a las drogas. Necesitamos infiltrarnos en su círculo más cercano y descubrir toda su red, sin que él se dé cuenta. —añadió Álvaro, su voz grave transmitiendo la tensión que ambos sentían.
Funes los observó por un momento, como si estuviera tomando la decisión más importante de su carrera.
—Sé que lo pueden hacer. Pero antes de seguir adelante con esto, sé que hay algo que ambos necesitan hacer. —dijo, mirándolos fijamente—. Hablen con sus esposas. No quiero más mentiras.
La orden de Julián era clara: ya habían vivido el desastre de la mentira en el caso de lavado de dinero. No solo casi perdieron a uno de los mejores policías, sino que Funes sabía que se había equivocado mucho. Aunque Valen y Álvaro se miraron brevemente, sabían que tenía razón. Las mentiras, aunque inevitables en su trabajo, se volvían demasiado pesadas.
Habían pasado meses engañando a las personas más cercanas a ellos y las consecuencias emocionales eran enormes.
Valen, más reservado que Álvaro, fue el primero en hablar.
—Tienes razón, Funes. Ya no podemos seguir ocultando lo que estamos haciendo. Aunque Clara sepa que volví, tengo que hablar con Clara. Esta vez, no puedo esconder nada de lo que realmente estamos enfrentando. —dijo con determinación.
Álvaro, aunque más relajado, también asintió.
—Yo también tengo que hablar con Aurora, no puedo seguir con esta doble vida. No sé cómo va a reaccionar, pero estoy listo para enfrentar las consecuencias.
Horacio los miró satisfecho, sabiendo que esta decisión, aunque difícil, fortalecería su equipo. La verdad siempre había sido su peor enemiga, pero también su mayor aliada.
—Bien, Infiltra2 —dijo, sonriendo con orgullo—. Vayan, hablen con ellas. Después, nos reunimos para planificar el siguiente paso. Pero recuerden, esta no es solo una misión, es una cuestión de vida o muerte. Y si no actuamos rápido, Paula y su hijo no tendrán futuro. Horacio Funes estaba haciendo todo lo posible por ayudar a Julián Funes, su sobrino, en este caso para ayudar a Paula y su hijo Sergio.
Los dos hombres, aunque acostumbrados a la peligrosidad de sus misiones, no pudieron evitar sentir el peso de sus palabras. El trabajo que tenían por delante era mucho más que una misión de infiltrados. Era un asunto personal.
Valen miró a Álvaro, y ambos supieron que, en ese momento, no podían seguir engañando a las personas que amaban. Sabían que sus esposas merecían la verdad. Ya no quedaba espacio para más mentiras. La conversación entre ellos fue necesaria.
Valen apoyó los codos sobre la mesa de la cafetería de la comisaría, con la mirada fija en el café que giraba en su taza. El silencio entre él y Álvaro era pesado, cargado de pensamientos no dichos. Era su dinámica; hablar no era necesario hasta que uno de los dos decidiera romper el hielo.
—¿Qué les vamos a decir? —preguntó finalmente Valen, mirando de reojo a su compañero.
Álvaro dejó su taza sobre la mesa y lo miró con una ceja levantada. Sabía perfectamente a qué se refería. Los dos estaban acostumbrados a mentir, a ocultar la verdad por el bien de las misiones. Pero esta vez era diferente. Esta vez, mentirle a Clara y Aurora se sentía como traicionar algo más profundo.
—La verdad, Valen —respondió Álvaro, sin rodeos—. No podemos esconder nada. Ya pasamos por eso, y sabemos cómo terminó todo.
Valen asintió lentamente. Lo sabía, y lo había aprendido de la peor manera. La idea de volver a lastimar a Clara lo inquietaba. Pero también sabía que, si había alguien capaz de entender y apoyarlo, era ella.
—Esto es distinto, Álvaro. No es solo otra misión. Estamos hablando de una mujer maltratada, de un niño que no tiene ninguna culpa. Ese desgraciado... —hizo una pausa, apretando la mandíbula con furia—. Ese tipo no puede seguir con ellos. No vamos a fallar esta vez.
Álvaro lo observó en silencio. Conocía a Valen lo suficiente para notar el peso que cargaba, esa mezcla de culpa y determinación que siempre lo impulsaba. Era parte de lo que lo hacía un buen hombre y un mejor policía.
—Clara te va a apoyar —dijo Álvaro con seguridad—. Y Aurora también. Lo sabes, ¿verdad?
Valen soltó un suspiro, dejando caer los hombros como si intentara deshacerse de una carga.
—Lo sé, pero no puedo evitar preocuparme. Esta misión no es solo peligrosa para nosotros. Si algo sale mal, ese hombre puede volver a lastimar. A Paula, a su hijo... No quiero ni imaginarlo.
Álvaro asintió, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Es por eso que tenemos que hacerlo bien. Y por eso necesitamos que ellas lo sepan todo. Son más fuertes de lo que creemos, Valen. Clara y Aurora no solo van a entenderlo, van a apoyarnos. Porque, igual que nosotros, saben que una mujer maltratada no puede quedarse en las garras de un desgraciado como ese.
Valen se quedó en silencio, procesando las palabras de su amigo. Pensó en Clara, en cómo lo había apoyado incluso en los momentos más oscuros de su trabajo. Sabía que Álvaro tenía razón.
—¿Sabes? —dijo Valen finalmente, con una leve sonrisa—. Creo que vamos a necesitar más que apoyo emocional. Aurora y Clara van a querer involucrarse, ya lo veo venir.
Álvaro soltó una carcajada breve y asintió.
—Y no las podremos detener. Son buenas en escabullirse, lo sabes.
Ambos rieron por un instante, un pequeño respiro antes de volver a la seriedad. Valen levantó su taza y la alzó hacia Álvaro.
—Por ellas, entonces. Por Paula y por Sergio.
—Y porque no vamos a fallar en este caso —respondió Álvaro, chocando su taza con la de su amigo.
El recuerdo del día que Horacio les pidió ayuda los hizo estremecer ,los dos estaban disfrutando una charla el día que se casaron con los amores de su vida . Habían hecho esa promesa y la cumplieron .
Funes llegó a hablar del caso el día del casamiento que fue una boda doble . Aurora y Alvaro tuvieron una nena llamada Juana, un nombre significativo por el abuelo de Álvaro. Clara está embarazada; se enteró Valen el día de su boda. Viene el hermanito para Mateo . Estos Infiltrados no les mentirán más a sus esposas eso seguro