Fernando subió al auto y regresó al helipuerto. De camino, hizo varias llamadas a la vez que pisaba fuerte el acelerador. Como si fuese un capo, abrió la puerta del auto y caminó a zancadas grandes. —¡Broo! ¿Qué pasó? —Se la llevó... —ajustó los labios reprimiendo las lágrimas—. Llévame de vuelta a la base marina —exigió a un piloto. —Williams, ya dimos aviso a la base. Esa avioneta no podrá salir del estado. —Llévame a la base —bramó, subiendo. Su amigo Josué le acompañó. Un mensaje dio alerta a la familia Báez y, junto a los Williams, movieron un ejército entero para ir por Constanza. Francisco ajustó sus puños al sentirse culpable por haber creído que su hija ya no estaba en peligro. La avioneta en la que Constanza se encontraba fue derribada. Volaba sin permiso y se disponía a s

