Horas más tarde, se recostó en la cama, dio vueltas y vueltas tratando de conciliar el sueño. Suspiraba cada instante recordando a su amada. Una llamada emergente lo sacó de entre las cobijas. —Hola... —Fernando, debes presentarte ahora en el hospital —requirió Jeison. —¿Sucedió algo? —Sí, es mejor que te des prisa —aconsejó, dejando a Fernando angustiado. Una vez que cortó la llamada, caminó de prisa al vestidor y salió de casa pasada la medianoche. Al llegar al hospital, su corazón latía fuertemente y un nudo formado en la garganta le impedía respirar con normalidad. —Dígame, ¿qué tiene mi hijo? —pidió con los ojos cristalizados. —Solo era algo de fiebre; ya logramos bajar la temperatura, pero le pido de favor que no se marche del hospital. Podría necesitarlo para algo más. Aqu

