_—Hija, estás hermosa —expresó Meredith. En un enorme barco, exclusivo para la familia y los invitados, se celebraba la boda de Fernando y Constanza. Una gran cantidad de marinos, vestidos de blanco, se hicieron presentes, como si fuera un desfile militar marino; se formaron al momento que el vals rodó. Constanza y Francisco caminaron tomados de la mano por el camino que habían formado los marinos, hasta llegar a Fernando. Este miró a su esposa a los ojos antes de entregarle a su hija. Francisco replicó: —Hoy dejo en tus manos a mi tesoro más preciado. He visto nacer a mi hija y me propuse protegerla y hacerla feliz. He seguido todos sus pasos, la he apoyado en sus decisiones, he reído y llorado con ella. He querido cada día formar sus alas para que, a la hora de volar, vuele tan alto c
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