—Mi hermano — repetí incrédula, mirando hacia la nada, pensando en todo. —Sí, tu hermano — reafirmó papá sonriente, era su manera de aligerar la notícia — quise decirte con anterioridad, por eso insistía en que vinieras, no te imaginas cuánto hemos esperado este día. —Pudiste haberme dicho — le dije un poco apagada, me sentía traicionada, él me había dado la vida, había compartido conmigo gran parte de ella y ahora resulta que ni siquiera lo conozco, al menos ya no. —Quise decírtelo, pero quería que fuese en persona — él parecía un poco incómodo en este punto, quizás porque yo no parecía dar el brazo a torcer o porque se había dado cuenta de el error que había cometido. —¿Qué edad tiene? — pregunté esquivando la pelea y mirando al pequeño. —Tiene un año y un mes — contestó la señora A

