Capítulo— La Sangre Llama en el Alba La madrugada apenas comenzaba a despejar las sombras de la noche. En la Manada Luna de Acero, el aire olía a hierba fresca, a tierra húmeda, a esperanza. Demián Jones miraba por última vez la puerta de su habitación. Su corazón latía pesado, como si se negara a abandonar el lugar donde su alma había encontrado su refugio. Allí, en la cama, Eleonor dormía tranquila, su rostro iluminado apenas por la tenue luz del amanecer. Cada fibra de su ser gritaba por quedarse, por abrazarla un rato más, por protegerla del mundo y sus sombras. Pero era el Alfa. Y su deber, en ese momento, estaba con su manada que lo estaba reclamando en la frontera. Se inclinó despacio, rozando su frente con un beso cálido, como una promesa silenciosa. —Te prometo que vuel

