Capítulo – Lo Que el Cuerpo No Puede Callar La luz se filtraba tenue entre las cortinas del apartamento. Era una de esas mañanas pesadas, en las que hasta el aire parecía más denso. Eleonor abrió los ojos con un gemido suave, sintiendo un revoloteo incómodo en el estómago. Se giró en la cama, buscando acomodarse, pero el malestar seguía ahí, latente, como un nudo que se negaba a deshacerse. Se sentó con lentitud, se frotó la cara con ambas manos, y soltó un suspiro largo. Llevaba varios días así. Con náuseas que venían y se iban, con una sensación extraña en el cuerpo, como si algo dentro suyo hubiera cambiado, pero sin poder ponerle nombre. Su mente estaba demasiado ocupada para pensar en síntomas. Había demasiados cabos sueltos, demasiadas verdades por descubrir… y demasiadas emociones

